La Miami cotidiana


Omaira Hernández

Pienso en los millones de seres humanos que llegan a Miami sólo buscando una manera decente de vivir. Quizás no están buscando galerías, teatros, museos o bibliotecas de Babel, sino que sólo aspiran a no hacer una fila de tres cuadras para comprarse una libra de carne, o no quieren olvidar el sabor de los quesos y el jamón, o no quieren perder la vida en el intento de vivirla. Quizás sólo quieren la oportunidad de trabajar como seres humanos dignos para que su familia tenga opciones. No se trata de que Miami sea o no el centro mundial del arte y de la cultura, sino se trata de que ahora, en estos momentos críticos para muchas sociedades latinoamericanas y caribeñas. Nuestra Miami es una opción de vida. Si señores, de la vida cotidiana, ese algo sólido y necesario que es el diario vivir. Miami, que aunque al principio nos asusta, terminamos por entenderla y aprendemos a vivirla. Cada cual a su modo, pero que para todos se convierte en el espacio del nuevo hogar. Es el espacio que nos permite trabajar (y que no me vengan con el cuento de que aquí no hay trabajo); una Miami que brinda las posibilidades del pan, el jamón, los jugos, el papel toilette, la leche, el carro, el vecino, los suegros, el vino, la tequila, la cerveza… ¡En fin! Esa extraordinaria sensación de mercado que todos asociamos a nuestras querencias. Son miles los que llegan, quizás no los veremos compartiendo este nuestro blog… pero estoy segura de que están viviendo… estarán enviando a sus hijos a la escuela, lavando su ropa, ordenando sus casas, haciendo la cena, mirando televisión, regando el jardín, soñando posibilidades… nada que un intelectual (de esos intelectuales liberales pero aburguesados que tenemos de sobra) pudiera llamar heroico… pero amigos… ¡estamos viviendo! Y eso queridos blogueros, en muchas partes del mundo, es un privilegio que sólo pocos llegan a tener.

jueves, 28 de febrero de 2008

Improvisando a Chejov (Versión libre de Ernesto García basada en cuatro obras de Antón Chejov)

Funciones: Viernes y Sábados a las 8:30 PM.
Teatro en Miami Studio, 2500 SW 8 Street (2do Piso). Reservaciones: 305.551.7473

¡Telebemba!

Con entrevista al pintor Ramón Alejandro, ¡Desarchivando! (Cuba y el terrorismo) y La rueda Bohemia (con Ladislao Aguado). ¡No se la pierdan!

Fragmentos de un correo


La mujer adriática

Una fiebre ligera me ha despertado al alba. La radio atenúa la soledad instantánea del enfermo. La música de blues relaja mis sentidos. Basta ya de compadecerse. Inicio mis tareas domésticas. Me satisface comprobar que mantengo un aceptable nivel de energía. Me premio con un café. Enciendo el televisor. Ahora no me gusta la película. Pero sí la belleza de la protagonista: la confección rectilínea de su vestuario, el cuello mao, el colorido sin estridencias del conjunto, la sensualidad recatada, la contención de una mujer de sensibilidad extrema. A pesar de las diferencias, pensé que aquella mujer ficticia y yo compartíamos la esquizofrenia de una personalidad que oculta el sentimiento amoroso más primario. Desearía decirte o escribir lo que siento, sin el temor de parecer una mujer ridícula. A veces, mientras conversamos y me explicas lo que haces, apenas te oigo. Entonces, imagino como irás vestido, que gestos formalizas, si estás cansado; me figuro que estoy allá y te acaricio levemente las manos. El recuerdo de silencios compartidos es recurrente y hace que me sienta protegida. Saber que estás tranquiliza y me permite no ser tan inflexible. La niña obediente, hoy, podría convertirse en una mujer díscola porque sabe que no la van a juzgar. El viernes te dejé un mensaje en el contestador. Sucedió una cosa muy extraña: me olvidé que no estabas en la ciudad.

miércoles, 27 de febrero de 2008

La vida en la ciudad


Roberto Savino

Por encima, todo parece en orden en la ciudad. La gente que la habita, exceptuando al puñado de desajustados que hacen las noticias, da la impresión de llevar una vida estructurada, de rangos predecibles. En las ciudades más grandes las personas terminan por resignarse a la idea de que el tiempo nunca alcanza, que las distancias son demasiado largas, y que, probablemente, hay algo - un evento, una experiencia, algún lugar - en alguna otra parte del ámbito urbano de lo que se están perdiendo. Quienes no se resignan terminan por padecer de esas patologías urbanas que tanto aquejan al citadino moderno: el estrés, la depresión, la ansiedad… La ciudad, lo que tendría que verse como un gran hogar compartido, se termina percibiendo como el inevitable escenario de la rutina, la gran enemiga. A ella se le atribuyen matrimonios rotos, familias separadas, problemas laborales, adicciones y perversiones, pensamientos indebidos... Quien habita en la ciudad sabe lo implacable que puede llegar a ser esa rutina, y en muchos casos está dispuesto a arriesgar la comodidad de la vida predecible sólo por romperla, sea por varios días o por unos pocos minutos. Así se acumulan muchas deudas, por ejemplo, cuando se recurre desesperadamente a la ayuda de tarjetas de crédito para escapar y tomarse unas vacaciones fuera. En Lynnwood, al norte de Seattle, mientras se hacían perforaciones en un terreno donde se planea construir un complejo residencial, se descubrió un manantial subterráneo que ahora fluye hacia la superficie y mana hasta llegar al borde de la autopista, donde se ha ido acumulando hasta formar un pequeño pozo de agua helada. Allí se detienen ahora los carros y la gente se baja con sus contenedores vacíos para llenarlos con esta agua natural, "orgánica", si se quisiera comercializar. Pero no es que el agua en un supermercado, al dólar por galón, sea imposible de costear, es que vivir en la ciudad ha roto cualquier comunicación con el mundo salvaje y restaurarla es otra manera más de romper la rutina. Buscar agua de este manantial se ha convertido en una especia de peregrinación*. Pero basta que llegue a la ciudad una tormenta y falle el suministro eléctrico, que el automóvil se descomponga en medio de una autopista, que se desborde un río por las lluvias, o que te cortes la yema del índice con la hoja de algún documento y fluya la sangre y te acuerdes que todos llevamos la muerte por dentro… Entonces sí que añorarías la rutina. Porque, por encima, todo parece en orden en la ciudad, y en el fondo todos queremos que así sea.
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* Recuerdo que en Caracas, en la Cotamil, los carros también se detenían y la gente llenaba sus botellones con los riachuelos que bajaban de las quebradas del Ávila, pero creo que esa gente no lo hacía sólo por romper la rutina sino más bien por necesidad.

martes, 26 de febrero de 2008

Celebrar a Galicia en la Feria del Libro de La Habana

Ileana Fuentes

Si viviera en La Habana, visitaría el pabellón gallego en la Feria. Iría, en sororidad simbólica con mi abuela Carmen, para averiguar un poco más sobre aquella tierra que ella rechazó intensamente por dura y machista con prematuro feminismo de mujer semi-analfabeta pero sabia. Mis abuelos maternos emigraron a Cuba a principios del siglo 20. Hoy, en algún osario del cementerio de Colón, son un recuerdo en vías de extinción. Mis abuelas están allí, felices de haber vivido y muerto en Cuba. Carmen no quería saber nada de España, y mucho menos de Galicia. Allá la había hecho volver mi abuelo Manuel cada vez que juntaba cuatro pesos, siempre con idea de quedarse. La Cuba de la primera década debe haberle inspirado miedo. "Muchos negros", habrá repetido aquel hombre de pocas luces y algo racista. No así a mi abuela, para quien Patria era la tierra que te daba de comer. Carmen -que hoy tendría 131 años - trabajó como una bestia en una modesta tintorería que instaló mi abuelo, lavando y planchando trajes de encaje y mucho dril cien al tiempo que atendía la casa, las planchas de carbón y criaba siete hijos, la más chiquita de ellos, mi madre. Carmen no hubiera ido hoy al Pabellón de Galicia. Diría lo que dijo siempre: "Allí no se me perdió nada, más que miseria y hambre". Mi madre, hoy a sus 85 y bastante ausente, tampoco. Jamás en sus 47 años de exilio le interesó ir a Galicia. Los autoritarios gallegos de entonces dejaron hondas huellas en su prole, hoy octogenaria y más. Mejor ejemplo no hay que el gallego-en-jefe, que no creyó ni en los suyos. ¿Cuántos hijos e hijas de Galicia, prósperos muchos de ellos, dueños de negocios que construyeron trabajando hasta el cansancio 24/7 abandonaron Cuba al verse “siquitrillados” bajo el nuevo orden? Esas miles de historias perdidas duermen hoy en cementerios ajenos -y no necesariamente en Galicia. No encontraría sus historias en los anaqueles de la Feria. ¿De qué vale una celebración olvidando a los olvidados? No obstante, yo iría, en memoria de Carmen Vázquez, mi abuela.

Premio Alfaguara de Literatura 2008 para escritor cubano radicado en Miami


Daína Chaviano

El escritor cubano Antonio Orlando Rodríguez, radicado en Miami desde hace varios años, ha ganado el Premio Alfaguara de Literatura 2008, con su novela Chiquita, la muñeca de Liliput. Tony, como le decimos sus amigos, es uno de los mejores escritores de su generación. En Cuba obtuvo todos los premios posibles de literatura infantil y juvenil. Comenzó a escribir literatura para adultos más tarde, con libros de cuentos como Strip-Tease y Querido Drácula, que le ganaron el respeto del público y la crítica. Ya en el exilio publicó su primera novela para adultos Aprendices de brujo, que se publicó en español y luego en inglés como The Last Mascarade. Ahora acaba de obtener uno de los galardones más codiciados de la lengua española. Con este premio, la literatura cubana del exilio recibe un importante reconocimiento internacional. Como escritora, el premio de Tony me llena de orgullo por el valor que añade a nuestras letras. Como amiga, me siento inmensamente feliz. Desde que nos conocimos en Cuba, hace ya muchos años, Tony y yo nos hicimos grandes amigos. A lo largo de todos estos años, hemos compartido manuscritos y críticas a nuestros manuscritos. Fui testigo de todo el proceso creativo de esta novela, y me emociona saber su feliz destino. Felicidades, Tony. Tu premio es un premio para todos los cubanos que amamos la buena literatura.

lunes, 25 de febrero de 2008

Simplemente Javier Bardem


Amílcar Barca

Empieza con papeles que le van a marcar la vida artística en un momento donde la heroína devoraba a un país que se encontraba en las faldas de una democracia frágil, creativa y llena de esperanza a principios de los 80. En Éxtasis y días contados adquiere el papel de drogadicto. En las Edades de Lulú hace de homosexual asesino en un film negro y fuerte dirigido por Bigas Luna. Pero su revelación como gran actor se la volverá a dar otra vez este diabólico, locuaz y polémico en Jamón Jamón: un film sobre la perversión y el amor bajo la imagen de una marca de coñac que se ha convertido en el símbolo del españolismo más rancio: "El Toro de Osborne". La escena de pasión con la que hoy es su novia Penélope Cruz (por cierto el Oscar se lo ha dedicado a su madre y a ella ni la ha nombrado) es de antología y más tarde de empresario arruinado en Huevos de Oro (no se la pierdan sale Miami y Benicio del Toro como actor super secundario). Se inaugura con Almodóvar con Tacones Lejanos en un pequeño papel, pero será en Carne Trémula cuando demostrará quién es cuando lo dirige quien lo dirige. Trabaja con Alex de la Iglesia y Rosie Pérez en Perdita Durango. Le llega una temporada de éxito español con Lunes al Sol representando a un desempleado y el gran papel revelación protagonizando a un tetrapléjico en Mar Adentro de Amenábar. Julián Shnabel lo inmortaliza y lo internacionaliza en Antes que anochezca interpretando a Reinaldo Arenas. Este año ha interpretado como actor principal en El amor en los tiempos del cólera sin fortuna y otro como actor de soporte a Tommy Lee Jones en No country for Old Man de los hermanos Cohen, que le acaba de permitir tener al tío Oscar en la mano por el papel de Antón Chigurh. "Let me ask you a question: If the rule you followed led you here, of what use was the rule?" ¡Felicidades!

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domingo, 24 de febrero de 2008

futuris+fascis = 2 mo

Tumiamiblog

Futurismo y fascismo: Dos efes, dos caras de la misma moneda. Si bien no puede hablarse de Fascismo hasta 1918 (metamorfosis del ala radical del socialismo italiano de la época que encarna el periodista y héroe de la Gran Guerra Benito Mussolini) ¿no era el programa del manifiesto de 1909 en Le Figaro como una especie de guión abierto del programa fascista? Acaso Gramsci sería el primero en comentar el caldo de cultivo... una pequeña burguesía desafecta en compañía de una creciente burocracia empobrecida: ¿Cómo interpretar la cuestión del “espíritu nacional italiano” en pleno apogeo del imperialismo europeo? Demos marcha atrás al tiempo: En lo estético, el Mussolini de 1910 (editor del libelo “La lucha de clases”), coincidía en casi todo con el Marinetti de 1909. El Futurismo gozaba de un prestigio inmenso: Era el primer movimiento italiano internacional de la vanguardia, con contactos entre Milán, París, Berlín y San Petersburgo. El atractivo de esta corriente era su llamado anárquico, bombástico “anti”-todo (tan copiado por las futuras filas dadaístas después entre 1917-1925). No es coincidencia que la publicación de “La Guerra - Sola Igiene del Mondo” de Marinetti (1915), coincide con el “giro” mussolinista de enlistarse para una guerra que el futuro Duce había condenado antes desde su posición como editor del periódico socialista Avanti!. Después de 1918, tanto Mussolini como Marinetti coinciden plenamente: “Necesitamos una nueva Italia, imperialista y anti-eclesiástica”. ¿Quién mejor que el maestro vanguardista, maese supremo de la propaganda del siglo XX para predicar las nuevas del evangelio fascista? ¿Y cuánta gente se montó en el tren fascistafuturista? Coctel de famosos e ínfamos: Churchill, Bernard Shaw, Ezra Pound, Wyndam Lewis, Joyce, Maiakovsky, Lenin, Trotsky, Stalin, Rivera, Picasso, y hasta -en su juventud- el susodicho. Oroparece...

sábado, 23 de febrero de 2008

Cabaret Tropicana


Tumiamiblog

El Cabaret Tropicana (Medalla de Oro del Colegio de Arquitectos, 1952) tuvo su primera encarnación en la llamada Villa Mina (1939). En 1951, el empresario cubano Martin Fox compra la villa y comisiona al arquitecto Max Borges-Recio para la futura construcción. Borges se propone crear un edificio icónico y moderno que comunique el lujo del espectáculo de la noche habanera, espacio poroso e híbrido donde el exterior y el interior se fundan (techar -y aclimatar con aire acondicionado- la enorme sala del cabaret fue un reto para la época). El arquitecto proyecta cinco arcos enormes de hormigón armado (de ¡sólo 7 cm de espesor!), colocados de menor a mayor, desplazados entre sí, cubiertos con vidrios trasparentes. La atrevidísima estructura en zigzag le hace un guiño abstracto al arco romano y lo pone a volar (Borges después repite la fórmula en otro contexto, en su célebre Club Náutico, construido en 1953). Tropicana es un gesto simbólico y funcional sin precedente en nuestra arquitectura: Folies Bèrgere de la Habana de los 50 para una nueva cultura nocturna capitalina. Con Borges no habitamos la ciudad, sino el bosque encantado debajo de las estrellas. No hay más que contemplar el ambiente dramático de iluminación en los jardines exteriores (con luces verdes, rosadas, rojas y amarillas, proyectadas desde ángulos específicos en la rica vegetación tropical): Follaje exótico Tiki, conceptual, de concupiscencia noctámbula. Tropicana debuta el 15 de marzo de 1952, con capacidad para 1,700 personas entre ambos espacios. Esa época sólo puede recogerse en la mística del tiempo y sus ecos apagados adheridos a las paredes: Por sus escenarios pasaron Xavier Cougat, Celia Cruz, Libertad Lamarque, Rita Montaner, Bola de Nieve, Josephine Baker, Las d’Aida, Vicentico Valdés, La Sonora (y aquella famosa actuación de Nat King Cole en 1957 en medio de una Habana que ardía). Debajo de sus arcos bailaron Sinatra, La Piaf, Marlon Brando, Jimmy Durante, Hemingway, Errol Flynn y la High Life habanera. Los imagino tomando daiquirí y Cuba libres, justo antes que arranque el show con el cuerpo de baile del cabaret (bajo la dirección del coreógrafo Roderico "Rodney" Neira) con música de fondo, a cargo de la orquesta de Bebo Valdés.



La escultura post-constructivista a-la-Naum Gabo de Borges, cerca del bar, chocantemente bauhausiana, ilustra un momento ecléctico a principio de los años 50, en que lo geométrico y el surrealismo orgánico llegan al diseño interior. La fantasía tecnológica borgiana termina sugiriendo una visión estética criolla que marcaría el diseño interior durante el resto de la década: vernáculo Tiki, la línea ameba -de Saarinen- y el mueble Knoll de oficina. A la derecha, el bosque dentro del cabaret (fórmula que se repitió en tantos cabarets de los años 60 y 70, pero nunca con el mismo resultado).  
La sección del cabaret (al lado de la pista de baile pequeña) comunica cierta intimidad. Los muebles (hechos en Cuba) a cargo de la firma Maylag imitan un poco la línea geométrica del dining de la firma danesa Andersen and Bohm. Sólo con la iluminación, Borges crea la impresión de amplios espacios pespunteados por galerías con vegetación. La vista del fondo nos lleva directamente al bosque exterior.


A la izquierda, a sugerencia de Borges, la firma decoradora Mc Copp (de Manrique y San Rafael), utiliza muebles de la vanguardia modernista del momento: Las butacas Eames de fiberglass en juegos de a cuatro. A la derecha vemos el arreglo de sillas tubulares Breuer de metal y piel cerca del Gran Bar. El propósito es crear un ambiente de lujo interior modernista que augura patrones pioneros en el diseño interior de cabarets de lujo de la época.      

jueves, 21 de febrero de 2008

Fragancia de jazmín


Jesús Rosado
El viento bate la blanca gabardina. La tela de anchura sitiada entre las flacas piernas contrasta con las punteras estiletes arduamente bruñidas. Es de los que proclama que un hombre también se mide por lo que calza. Por eso embetuna y da trapo hasta hacer chispear al cuero. El secreto del charolado está en ensalivarlos. Una de las tantas recetas del ambiente. 
La camisa acartonada, blanquísima también, luce ribetes en guinga verde, y deja ver tras el desabroche de la pechera, la Santa Bárbara 18 kilates que pende sin veleidad. De la santa no se presume, ella es amparo y coraza, y ésta ya lo rescató de la punta de alguna sevillana. El Peco sabe empaquetarse en la elegancia bullera. Anda con la finura macha que hay lucir cuando se recorre el callejón de Bernal un domingo a las tres de la tarde del verano de 1970. Repasa con una mano el corte flat-top que centellea de tanta brillantina, mientras la otra, con estudiada arrogancia, frota lentamente el mentón usando el pañuelo carmín. Marca el paso por la calle Industria hacia Malecón. Alardea del tumbao del ambiente, ese donaire felino y desafiante que se precisa para sortear el barrio, donde es importante la leve marcialidad de un pie, mientras que el otro lo secunda con desenfado. Llega a la altura de Trocadero. La brisa que sopla Yemayá levanta el faldón derecho de su camisa. Lo regresa y alisa cuidadosamente. De una vez, comprueba la compañía del “hierro” en el bolsillo. Tantea el mango nacarado y respira tranquilo. Ya está próximo a Colón, territorio conflictivo, donde ha repartido en abundancia bofetones y ciertos rivales resienten sus tajos de escarmiento. Ya va costeando el Bar Siempre, cuando una morenita de andar insolente se le encarna con la mirada… Coño, tremendos muslos, tremendas nalgas la de esa mulatica… El Peco levanta el meñique derecho, donde se admira una uña larga delicadamente cultivada, lo lleva a los labios, lanza un beso, y sonríe para que asome la chispa de plata de la dentadura. La morenita responde con expresión descarada. Apura la marcha, disloca la cintura y lo invita con los ojos cuando se pierde por una boca de escalera. Esto es mío, se dice El Peco, se lanza, cruza y se aventura por la misma puerta. Su silueta blanca y almidonada se funde con la penumbra, mientras deja en la calle su penúltima fragancia de jazmines. Ahí está ella, ¡qué ricura!aguardando procaz, lasciva… Él se adelanta a secuestrar la carne hembra y entonces lo recibe el metal brusco e imprevisto. La punta raja la piel, entra por el hígado y se atasca en el riñón. Aquí tienes, singao. Le mataste el hijo a mi madre, remaricón. Me dejaste sin hermano y con mi pobre vieja loca, hijoeputa desalmado. Y ahora de paso, te vas quedar sin cadena y sin Santa Bárbara, total, pa donde tú vas ahora lo menos que hay son santos… La punta del hierro ya sale por la espalda. El Peco logra, por otro instante, salir a la luz sentenciosa de aquella tarde de 1970. En el lugar de donde ya jamás se va a levantar, aún la memoria huele a jazmín.

Tiempos modernos



Tumiamiblog


Modern Times (1936) abre con la famosa secuencia del reloj cerca de las 6 am: hora de ponchar la tarjeta para el mundo del New Deal capitalista roosevelista y keynesiano de mediados de los 30 (hay un guiño a Underworld de Josef von Sternberg, donde el reloj marca la hora, pero en 1927, en un mundo criminal justo antes de la debacle). ¿Puede el hombre ser feliz en un universo tecnológico? La pregunta nos lleva desde la visión tenebrosa de Koprotkin de la tecnología a la utopía futurista de Marx. Chaplin quien viene de una tradición inglesa que sospecha el poder redentor de la máquina (me refiero al colectivismo utópico de Owen, el movimiento de Arts and Crafts, los prerafaelitas, etc) es acaso el prototipo del hombre moderno. ¿Será por eso que Fernand Léger (quien tenía una visión más optimista de la tecnología) abre su film vanguardista Ballet Mecanique (1924) con nada menos que Charlot? La “alienación” (palabra dura para nosotros, pero certera) entre el trabajador y la eficiencia fordista queda aplacado por el cuerpo “moderno” chaplinesco: vulgar, vaudevillístico, en secuencia con el ritmo stacatto y espasmódico de la máquina. Chaplin traduce con imprevisible habilidad la dinámica interna del assembly line fordista (no olvidemos el instante en que termina tragándose la tuerca). Sin embargo, la relación hombre/máquina puede funcionar (algo no previsto por Heidegger en su visión pesimista de la tecnología). El ser humano tiene una capacidad asombrosa de adaptación (incluso de imitación de la máquina). Al final, Modern Times encaja más con las ideas de un capitalismo ético que defiende John Kenneth Galbraith en The Affluent Society (titulado originalmente Why the Poor are Poor): Con desigualdad en el mundo, la producción capitalista (¿recuerdan el teque de “la producción” en los planes de desarrollo del susodicho?) no es necesariamente una señal de prosperidad.

miércoles, 20 de febrero de 2008

"Vencer no es convencer"



Tumiamiblog

Ayer buscando viejos archivos, encontré este fragmento fílmico que recoge momentos finales de la vida de Miguel de Unamuno, justo después de distanciarse del franquismo al que había abrazado muy al principio (pienso en coincidencias con el proceso revolucionario cubano del 59). Unamuno ya había sido destituído de su cátedra en 1914 por su afiliación liberal (e incluso condenado a prisión por “injurias al Rey”, léase, propaganda enemiga, sentencia que no se ejecutó). Volviendo a fines del 36: Imagino al intelectual, convenciéndose del error una vez que constataba la represión en su amada Salamanca. Se dice que tenía el bolsillo lleno de peticiones de clemencia de los familiares de condenados (pero incluso de sus queridos amigos: Pietro Carrasco, su alumno Salvador Vila… y faltaban Atilano Coco y José Sanchez Gómez, todos fusilados). El viejo filósofo no podía más: El 12 de octubre, durante la apertura del curso académico (y con la plana mayor franquista presente) Unamuno pronuncia su célebre “Vencer no es convencer”, que le costó muy caro. Se cuenta que Unamuno se personó para perdirle al generalísimo clemencia por sus amigos condenados, pero cuando el paredón arranca no perdona (Franco firmaría días después la expulsión del decano veterano). Unamuno falleció el 31 de diciembre de 1936, absolutamente quebrantado.

Jugar a los escondidos


Nieve


Con el brazo en mi cara, sin hacer trampas, de espaldas.

Recostada a un árbol conté infinitamente mientras se ocultaban.

Conté hasta dos mil y al abrir los ojos: la noche, entonces me pregunté:

¿Donde están todos? tanto tiempo buscándoles, esperándoles aquí.

Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez…

Qué lejos, qué sola, qué perdida en el patio de mi propio juego.

Los lirios del jardín

Nuevo blog de Rafael López Ramos: Arte, historia y más. ¡Buena suerte!

martes, 19 de febrero de 2008

Telebemba


Alfredo Triff

Acaba de salir otra edición de Telebemba (ingeniosa idea Web de Ricardo Vega y Zoe Valdés): El juicio de Marquitos del 64 (farsa legal temprana metamorfoseada -de sotto voce a guapería de barrio- del susodicho ) y otra del mismo sujeto, augurando (mientras juega frente a las cámaras de TV con su largo falo/puntero de madera) el éxito de su futura zafra millonaria. Sin embargo, llama la atención el corto de Ricardo Vega titulado Ché Guevara Régression (1997), en la que opone el “Himno del Guerrillero Heroico” de Mantici/Rabaza con secuencias editadas del Ché en marcha atrás. El experimento me hizo pensar en la tesis de Georges Bataille sobre el encanto estético de ciertos símbolos; lo que él llamó “heterogéneo” en la imagen fascista (en este caso totalitaria). ¿Qué puede ser más “auténtico” que el guerrillero heroico con melena pre-beatleriana bajo la boina, habano en mano en La Habana , sonriendo, conversando con obreros, siendo aplaudido, manejando la cortadora, masticando caña en un instante solipsista, de aprendiz de albañil en la microbrigada, orador improvisado de mítines sindicales -o en ese momento de intimidad extática junto al susodicho? El realizador, sin saberlo, cae en la trampa que Baudrillard le anticipa a una imagen digerida en época de héroes (no estamos en los 60 combativos, pero el ícono guerrillero ya pasó la prueba de la hiperrealidad), asimilada de lo político/tricontinentalista, a su nuevo paradigma estético/económico consumerista post-capitalista. “El Ché”, nos guste o no, es de los pocos emblemas que sobrevivieron “la caída del muro” (ni Lenin ni Mao llegaron allí por razones que merecen otro post). Baudrillardianamente hablando, la estampa del guerrillero heroico es todo simulacro. Acaso ello explica el apetito voraz y creciente que han cobrado esas imágenes revolucionarias del lado de acá (ahora hablo de los medios cubanos del exilio). Interesante manera de coping with the past con un “bombardeo nostálgico” a la inversa.

lunes, 18 de febrero de 2008

Con los santos no se juega


Ramón Williams

Y si se juega, con cuidado. Escucho voces, esta vez un ulular distante que se define diálogo mientras se acerca. Son los vecinos. Sobre mi edificio y a través de todos sus orificios, las voces pasan y algunas palabras se enredan en la telarañas que van de mi frente al techo. Alimento, esas palabras tienen la cualidad de alimento para ese instante cosmogónico de la novela: Lógicus y Efusivo se explican el respeto recuperado. Es diecisiete de diciembre, día consagrado al Babalú Ayé, San Lázaro de los católicos. Mi ejército de babalúes en yeso sigue en su fase George Segal, deben esperar para entrar en el combate de fe de los cubanos hasta el año que viene, si no me dedico al mármol o a la cera. Escucho el ronronear proceloso del transformador junto al tubo de luz en el techo. El ruido se disuelve, lo pierdo entre tambores que empiezan a salir de los escondrijos del barrio. Los cantos en lengua de negros vienen llegando como algo que se pudiera oler, tocar. Hay en el aire una mixtura de aguardiente y tabaco. Una humareda densa confiere espesor a este cuarto. Creería que la liturgia se despliega justo a mis espaldas si no supiera que soy yo quien fuma. En las telarañas veo a los compañeros exonerados de la asamblea correr de prisa a los tambores, persignarse frente a los íconos, tocar con los nudillos bajo el altar, pedir algún deseo y prometer lo indeseable. Sólo recientemente pueden hacerlo y continuar llamándose entre ellos compañeros del C.D.R. sin remordimientos a la mañana siguiente. Y así, de un gesto en otro del cuerpo directivo, la camisa concede la integridad atea de su meollo en pos del misterio como otra hebra para la camisa.

domingo, 17 de febrero de 2008

"El Conde", E.P.D.

Jorge Bruno Conde Roil, “El Conde”, nació el 6 de octubre de 1948 en el Cerro, La Habana. A principios de los 70 se integró a Los Átomos, dirigido por Armando Zequeira Romeo (se dice que en una fiesta el rubio roquero se subió al escenario a cantar “Black is black”, lo imagino con su inglés inventado -no importa era “El Conde”- y arrebató a la gente). En 1974 se incorpora a los Almas Vertiginosas. En 1979 el pre-balsero pre-marielito Conde se tira al mar hacia su yuma querida. Después de experimentos fallidos, lo vimos renacer a fines de 1997, con Rocktalgia de nuestro querido Ricardo Eddy Martínez. En 2001 creó su piquete Cóndor, con el que se presentó en la TV y la radio miamanese (¡habían pasado 30 años!). Al Conde se le recuerda con su canción “Oh bembe, oh bamba”, que interpretaran Los Barbas por los 70. Descansa en paz, querido roquero, jodedor de grandes ligas.

Pietro Germi: Seducida y abandonada

Sedotta e abbandonata (1964), la comedia “neo-realista” de Pietro Fermi es una joyita antropológica. Aldo Puglisi, el típio papirriqui, seduce a su futura cuñadita la angelical Stefania Sandrelli y la preña. Ante la posibilidad de ser acusado por corrupción de menores, Saro Urzi, padre de la mancillada, le exige entonces a Puglisi que rompa con su hija mayor y se case con la menor (Sandrelli). Pero Puglisi es un jodedor y se las arregla para que parezca que Sandrelli lo rechaza, algo que desestabiliza por completo la moral siciliana de los 60 tempranos, con consecuencias cómicamente funestas. La película anterior de Fermi es la favorita Divorcio a la italiana (1962). No se pierdan la música de Carlo Rustichelli: delicioso vernacular italiano que apropia el sonido "surfing" del electric guitar y lo mezcla con mambo y jazz (después de Sedotta, Rustichelli trabajó con directores como Billy Wilder, Fellini, Mario Bava y el Giuseppe Colizzi de los “oestes italianos de Eastwood”). 

sábado, 16 de febrero de 2008

El guante de Max Klinger, (1881)

"Amor" cierra el ciclo. El diosito alado termina con el guante; lo disfruta con lasciva sonrisa al borde del horizonte de la siesta (no se trata de Cupido... sus alas de libélula lo delatan).  
"Abducción" es la visión post-simbolista y proto-expresionista de Klinger: El kongamato se roba la prenda, mientras el artista impotente rompe los cristales de la ventana con sus brazos (pero el demonio alado no salió de allí). 
El Guante de guantes descansa en su pedestal... ¿y la cara ladina debajo de la cortina?
Vuelve la pesadilla. El artista arrinconado contra la pared,  su lecho muy cerca del mar (abierto al paisaje lunar), observa cercanos engendros que se disputan la prenda. Uno de ellos apunta hacia las dos manos enfundadas, a la izquierda, que parecieran flotar portando un mensaje.  ¿Qué significa el enorme guante, semiabierto, que toca la pared del estudio de Klinger?

Atrás queda la oscuridad: En "Triunfo", la funda toma posesión y conduce (su historia) en un carruaje halado por caballos, en medio de un ambiente envolutado en optimismo. La próxima viñeta se titula "Homenaje": A la orilla de la playa las olas se rompen en caracoles espumosos frente a dos lámparas. ¿Será la exaltación simbólica del objeto que nos remite a la amada?


Ya sabemos que Klinger no devolvió el guante. ¿Por qué? En "Anhelo", la ilustración de la izquierda, el artista padece en su soledad mientras el guante yace, en el césped, cerca de delicados arbustos (¿quién es la figura delgada y misteriosa que lo observa desde el camino?). "Rescate", a la derecha, muestra una escena peligrosa en altamar: Klinger trata de rescatar la prenda que ahora flota -cual emblema ominoso-, sobre las aguas agitadas.  

En "Acción" se exhibe un guante de mujer sobre la pista. ¿De quién? Klinger no dice, pero (su alter ego) trata de recogerlo. ¿Será la muchacha que patina delante de él?

Cuadro primero: "El lugar" es la pista de patinaje sobre ruedas en el Berlín decimonónico. La niña se ha caído y la mamá y el perrito la observan. Mientras, una pareja se divierte. El hombre saluda ceremoniosamente a la señorita que a su vez recibe la atención de otro caballero. La pareja a la izquierda se detiene por un momento para contemplar la escena. 

viernes, 15 de febrero de 2008

Plan Piloto de La Habana, 1956



Rafael Fornés

Hace ya más de medio siglo que se confeccionó el último plan urbano para La Habana. El gobierno de Fulgencio Batista contrata al importante arquitecto catalán Josep Lluis Sert que había trabajado con Le Corbusier en su atelier de la Rue de Sevres 35 de Paris. Sert elabora el Havana Master Plan en colaboración con Paul Lester Wiener y Paul Schulz en 1956. Por la República de Cuba participan en su confección los arquitectos Nicolás Arroyo, Ministro de Obras Públicas del gobierno de Batista y el talentoso arquitecto Mario Romañach. El Havana Pilot Plan fue Made in USA con etiqueta de Harvard. Sert consiguió ser decano allí cuando se le negó la practica en Cuba sin revalida. En un inexplicable ataque de amnesia el gran arquitecto olvidaba analogías esenciales entre La Habana y su nativa Barcelona. Seguía fielmente los más ortodoxos postulados del CIAM legitimados por Le Corbusier a través de la revista de L’Esprit Nouveau y sus tomos de la Oeuvre complete. Un nuevo Palacio Presidencial se posaba sin miramientos sobre la sagrada Akropolis habanera justo entre los Tres Reyes del Morro y San Carlos de la Cabaña. El arquitecto Mario Romañach proyectaba un monumental “Palacio de las Palmas” configurado por un cuadrado de hormigón armado de 500 pies de base por 70 pies de ancho con auras de Chandigarh. El edificio proyectado era de escala mayor que la Casa Blanca, el palacio de Buckingham y el Palacio Real de Madrid. El plan maestro continuaba con un impreciso esbozo de áreas verdes y vulgares High-rises sobre el histórico Malecón. Proponía una rectangular isla artificial sobre el mar de 2,500 pies de largo por 100 de ancho conectándola a tierra firme con la prolongación de dos stoas habaneras; las Calzadas porticadas de Galiano y Belascoaín. Destruía las visuales de las quince manzanas del histórico Malecón habanero. Lo más brutal era lo destinado a la colonial Habana Vieja. La lenteja intramuros era quebrantada en cuatro sectores mediante una red de innecesarios highways. La Avenida del Puerto y las calles Muralla y Habana se convertían en importantes vías de tránsito rápido. Cuatrocientos años de historia y más de 900 edificios históricos desaparecerían por decreto. Sobrevivían tímidamente los conjuntos de la Plaza de la Catedral y de Armas y los conventos de San Francisco, Belén, Merced y Santa Clara exclusivamente. Partiendo de éste último y a lo largo y ancho de las calles Habana, Cuba y Aguiar, se ubicaba la zona bancaria, oficinas y comercios mediante la construcción de edificios anónimos de gran altura. Todo el tejido histórico y sus variadas y sofisticadas tipologías de patios se travestían en cul-de-sacs con un tímido arbolado para enmascarar los estacionamientos de automóviles.

jueves, 14 de febrero de 2008

Happy Valentine's Day



Nada mejor para hoy que "El Carnaval de los animales" de Michaela Pavlatova. ¡Felicidades!

Honda felicidad

Rosie Inguanzo

Amor, mi actitud para con tu libertad es sacrificial y reveladora.
Recibirte es ejecutar mi koan íntimo,
que me da el conocimiento exhaustivo de convetirme en otro,
so pena de no necesitar nada para mí.
Entonces pienso como tú en ti,
ejecuto un doblaje de honda felicidad.
La intención me moldea una apariencia furtiva,
pero nadie podrá negar que he dejado ser lo que era.
Sólo yo me reconozco pensando como tú,
para sentirte como pensarías en mí,
cuando quede consumado el sacrificio.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Saber -o no- mentir




Tumiamiblog

La escena toma lugar en el año 1975 en La Habana, entre una dirigente de la Juventud Comunista y un estudiante en proceso de ser aceptado a la organización. “¿Tú eres revolucionario de verdad?” Él le responde afirmativamente, aunque le molesta el “de verdad” del final de la pregunta, que parece como si hubieran revolucionarios de las dos categorías. Le sigue la coreografía de ademanes que la situación demanda. Menciona los logros de la revolución, el enemigo externo, la necesidad de “cerrar la guardia”, los males del capitalismo… (¿Se le olvida algo?). Ella no parece satisfecha. Como buen dirigente, quiere irse por encima del comportamiento y penetrar en el umbral gris de la sustancia cartesiana. Para él no hay más remedio que decir lo que ella quiere escuchar (aunque, si pudiera decirle la verdad...). En ese instante, ella advierte un intersticio de debilidad en el comportamiento de su entrevistado; acaso se trata de esa mirada fija, absorta en la nada, o los labios entreabiertos, fuera del dominio cerebral. Retrata esa faz de tarado que no forma parte de ningún guión e inmediatamente le dice: “No estás listo”. La compañerita de vigilancia acaba de descubrir que él no puede mentir.

martes, 12 de febrero de 2008

Ser


Roberto Poveda

Nada esperas (aún cuando todo esta por llegar). Tienes un nombre que nada dice, un apellido que quizás recuerde a alguien. Vives entre el futuro y la eternidad (el hoy ya no existe, ni siquiera te interesa). Crees en los amigos invisibles porque tienes enemistades íntimas. Te apegas a la inmensidad de las palabras para decir lo nulo. Cortas tristezas con el filo de un cuchillo que no vuela. Fuiste aquel y sin embargo nada eres (atrapado en la fotografía familiar de una celebración hipotética). Caminas a ningún lugar. El frío es un aliado común (te estremece su calor irracional cuando cortas el hielo con los dientes y es compinche natural, cuando de escribir canciones se trata). Deambulas la ciudad gigante, bajo luces que se apagan. Te hundes en trenes veloces que no paran. Matriculas asignaturas que nada han de enseñarte (la historia no es suficiente). Regresas a ningún lugar (tu cuerpo se escabulle de sí para no responder preguntas sin sentido). Vives entre el fin de las cosas (los peces son como hermanitos no reconocidos por un padre negligente).

lunes, 11 de febrero de 2008

Regresando al Gran Mamey (2001)


Rafael López Ramos

El avión empieza a descender y distingo las cintas de neón que convierten al Hotel Sofitel en un regalo bromista, perfecto welcome back to Miami, un año después de mi primera visita, incubadora de esa segunda nostalgia que compartimos quienes vivimos en terceros países. Por esos días una coleccionista de mis cuadros nos había invitado a mi esposa y a mí a pasar una semana en su apartamento de Manhatan, entonces vacío. Pero las fechas coincidían perversamente y tuve que declinar, para honrar el compromiso previo. Mientras sobrevuelo la Gran Manzana me entretengo imaginando a Miami como el Gran Mamey. Delicia frutal que no abundaba aquí hasta que un cubanazo cultivó varias hectáreas al Sur del condado Dade, para aplacar las nostalgias del paladar exiliado y azuzar este perfecto icono del gen hispano, afincado en estos lares desde que Ponce de León llegó en busca de la fuente de juventud eterna y terminó dando nombre a un bulevar en Coral Gables. En el trayecto del aeropuerto al hospedaje vislumbro un McDonald's que remeda la arquitectura colonial, pero se acerca más a Disneylandia –hibridez de las "culturas de frontera"– que a Ponce de León. A la siguiente noche mi amigo Pablo me invita a comer en alguno de los restaurantes que forman selecta constelación en el imaginario gastronómico cubano-miamense. Acepto de buen grado, pero le sugiero buscar algún pequeño restaurante donde sirvan comida cubana. Paramos en un sitio limpio y bien iluminado de la 8 Calle del Sagüés. Su menú impreso en una hoja tamaño carta doblada en dos, lo define como cafetería-market, pero es una parodia posmoderna de alguna antigua fonda de El Cerro o Luyanó. La comida es excelente –y excesiva para mi modesto estómago–, pero lo que más disfruto del lugar es el sorprendente altar de San Lázaro, coronando la nevera de jugos y sodas. Con mi cámara de turista retrato el elocuente símbolo del sistema de credos y valores de la cubanidad escapada: una fe depositada a partes iguales en los orishas y el esfuerzo propio.


domingo, 10 de febrero de 2008

Movie Night



Jesús Rosado

Lo bueno, si breve, dos veces bueno, proclamaba el escritor Baltasar Gracián. Pues bien, sólo tres minutos y dieciséis segundos dura Movie Night, el cortometraje con que  el consagrado cineasta chino Zhang Yimou tributara la 60ma edición del prestigioso Festival de Cannes, lo cual sería suficiente para que el creador de filmes monumentales como Sorgo Rojo, Ni Uno Menos o Héroe, armara un brevísimo pero subyugante poema visual. El entusiasmo de un chico por la llegada del cine móvil a la apartada aldea, el flechazo de dos adolescentes, el jolgorio de la comunidad rural, los rituales de la idiosincrasia asiática, las  referencias fugaces a su vernáculo y, sobre todo, el encanto de la gran pantalla blanca van urdiendo una historia que por su capacidad capsular y su elegante estética se hace pieza soberbia.  Planos tocados por el humor y la ternura, fotografía impecable que aborda el gesto y el paisaje con sensibilidad y sin amaneramientos, más las sutilezas del color, la banda sonora y la dirección de actores cuajan en ese tipo de concisión artística que se hace honda e indeleble. Quien disfrute de este divertimento de Yimou, sabrá comprender por qué en veinte años su filmografía se ha agenciado los premios más importantes de Berlín, de Valladolid, de Cannes, de Venecia, junto a las cuatro nominaciones al Oscar.  Y también confirmará que lo excepcional de la brevedad se elucubra con las maniobras del genio.

Malecón con Reggaetón

Rafael Fornés

Este corto es el primero de una serie que estoy haciendo sobre mis viajes a La Habana. Le siguen otros de música rock, refrigeradores chinos, etc. El video fue filmado entre diciembre 07 y enero 08. La música está a cargo de Los cuatro, Eddy K y Don Omar. La despedida a cargo de Abelardo Barroso con la Orquesta Sensación.

Harpya de Servais

Bigotudo está calado a la antigua. Una noche, mientras camina por la ciudad tiene que dar la cara por una ¿mujer? que está siendo atacada. Caballerosidad aparte, no es una fémina, se trata de Arpía (eléctrica y taumántica). Pero Bigotudo, civil él, se la lleva a la casa. La primera víctima es “cu-cú”, su lenguaraz cotorra. Cunde la sospecha, luego el pánico (lo peor es ese apetito voraz del celeno). Una noche, cuando Bigotudo trata de escapar, la bestia le devora las piernas. ¿Qué hacer? Salir arrastrándose -a muñón partido-, a ver si encuentra algo que comer. La alada cederista, que no le pierde ni pie ni pisada... le come la ración de papitas fritas. Ya Bigotudo no puede más: o él o ella. Y el destino los lleva al principio de otra historia, en las manos salvadoras del gendarme que no puede comprender el júbilo en la mirada del malévolo y calvo engendro.