viernes, 24 de junio de 2016

Mi padre tanguero



Mario Pérez

Ayer mientras ocupaba mi tarde con la lectura —no es irrelevante mencionar que se trataba de un libro del filósofo de Messkirch— mi pensamiento se deslizó al recuerdo de mi padre. Recordaba una anécdota que es la que sigue: Mi padre había ido a verme a Buenos Aires en 1997 donde pasó junto a mi madre unos hermosos meses. Una noche una gran amiga, psicoanalista y muy tanguera y su esposo, escritor y muy tanguero, lo invitaron a cenar a su casa en la calle Migueletes. La conversación se extendió hacia la media noche pasando por los obligados temas Cuba y exilio, más psicoanálisis y tango. Mi padre habló entonces de la Cuba que él había conocido y del impacto del tango en la isla. Se mocionaron los grandes tangueros. Mi padre quiso agregar uno que, según él, faltaba por mencionar. Nadie lo conocía. Ningún tanguero lo recordaba. Le dije: "viejo, seguro que equivocas el nombre, estos tipos son conocedores del tema". Mi viejo rondaba ya los ochenta y aceptó su falta de memoria esa noche en lo de Graciana. Unos años después, mientras paseaba yo por Buenos Aires, entre a una disquería que había en la esquina de Corrientes y Callao. Buscaba, sin saberlo, desde hacia tiempo, un disco de tango que esa tarde apareció. Alberto Gómez, era el tipo. Cantante de tangos, que actuó en cine con Tita Merello, Libertad Lamarque, Luis Sandrini, Azucena Maizani, Mercedes Simone, y otros más. Recorrió America Latina, por supuesto que fue Cuba, en los 40 y los 50. De inmediato compré el álbum y lo llamé para contarle del hallazgo. Un francés que leo me enseñó hace un tiempo que solo se va más allá del padre a condición de servirse de él.

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