lunes, 22 de agosto de 2016

Soy yankee

el ideal yankee de la libertad como expansión del ser de la naturaleza (Albert Bierstadt, 1868)  

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Dejemos atrás lo pueril: Soy Yankee

(me disculpo con el lector, ajeno a los ajetreos ideológicos del siglo XX).

Soy también producto de la Guerra Fría.

Yankee, ¿o mejor yanki?* Durante mi niñez y juventud la palabra era maldita. Queda resumida con este discurso de Castro, a principio de los años 60:

"codicia yanki" "injusticia yanki", "monopolio yanki", "odio yanki", "yugo yanki", "imperialismo yanki", "intervención yanki", "amo yanki",  "agente yanki", etc.

"Yanki" era la maldición, pero cada palabra conlleva un flujo histórico de uso y abuso. y llega entonces con una costra de prejuicio –a no ser que decidamos reevaluarla.    


El abuso peyorativo castrista oculta otro uso, el del ciudadano progresista del norte industrial durante el siglo XIX, en los años previos a la Guerra Civil Norteamericana. Me refiero a ese corro ilustre de yankees donde figuran Samuel Longfellow, Henry Hedge, Ralph Emerson y Thoreau: transcendentalistas seculares, pre-ecológicos, amantes del pluralismo, adeptos a la desobediencia política, la libertad y la individualidad.

Ser yanki, en ese sentido es ser centrista político y "centro" significa la sospecha en el paraíso imperfecto de las utopías y otras miopías. De ese ilustre grupo de egresados de la Universidad de Harvard saldría otra nueva generación: los pragmatistas.

De los yankis aprendí que somos una sociedad imperfecta perfectible. Para el yanki el ser humano es proclive a la corrupción, el chovinismo, la maldad, pero por igual proclive a la virtud y la decencia. Somos animales con razón, y las razones deben discutirse. Si la corrupción y la maldad son intrínsecas al ser humano, necesitamos estructuras duraderas para combatirlas. El secularista "whig" John Locke, creador de la división de poderes en filosofía política era yanki sin saberlo (obsérvese que "whig", la afiliación política de Locke, significa "cuatrero", prueba que lo despectivo persigue al yanki).

¿A dónde quisiera llegar con todo esto? Al presente.

EEUU es un país fundado en el pensamiento político yanki, Y es aún modelo.** Incluso en medio de la crisis reciente que hemos vivido, EEUU marca pautas. ¿El termómetro? Las Olimpiadas de Rio de Janeiro. Nuestros atletas dominantes. La actuación olímpica estadounidense ha sido sorprendente. ¡Hasta ayer teníamos 118 medallas! No diré que tenemos los mejores atletas (habría que también comparar per cápita con otros países). Lo que sí tenemos es la mejor infraestructura para el atletismo. Ganar medallas habla no solo de atletas, sino de las instituciones que los forman.

La retórica en plena campaña presidencial norteamericana proclama que somos un país en crisis. Prefiero evitar generalizaciones. Cierto, hace ocho años confrontábamos la crisis económica más seria desde la Gran Depresión. La China crecía con fuerza incontenible y se hablaba de un nuevo modelo exitoso de capitalismo de estado. Hoy China está en declive, presa de una corrupción institucional galopante. Brasil, otra promesa fracasada. La India no ha podido salir a flote como se vaticinaba.

Lo que voy a decir a continuación va a exasperar a muchos trumpianos que conozco: EEUU no está tan mal como lo pintan.

Nuestra moneda es fuerte.
De importadores, hemos pasado a ser exportadores de petróleo.
Estamos entre los cinco países más innovadores del planetaen tercer lugar debajo de Suiza y Singapur. 
Tenemos las mejores universidadades del mundo.
En materia de comercio (palabra maldita estos días) EEUU se beneficia del comercio internacional. 
Somos la segunda nación con más exportaciones del mundo.
El desempleo está en 4.9%, cifra saludable.

Aún así no estoy satisfecho.

Mi inconformidad parte de un sentido de mínima justicia. Los que más se han beneficiado de la recuperación norteamericana reciente son las grandes corporaciones, los más ricos: el 1% del país. Reitero la propuesta de otro yanki el economista judío-americano y premio Nobel Jospeh Stiglitz, en su libro The Great Divide. La desigualdad actual en EEUU se debe a malas decisiones de política. Con una clase media en declive no se puede construir un futuro próspero. Un EEUU de súper ricos no funciona cuando una mayoría ve el sueño de la clase media como algo casi imposible.

Pero ya estamos en terreno político. Soy un yanki gradualista: la mejora lleva tiempo y paciencia.  

______________
* Así aparece la palabra en el discurso de Castro que señalo arriba. **"Modelo" significa "perfectible".

1 comentario:

Jacobo dijo...

No se preocupe ATriff por lo que haya escrito que pueda ofender a algunos "trumpistas." La nación ha avanzado extraordinariamente en estos años de la administración Obama. A pesar del obstruccionismo de los rep en el Congreso a un presidente pardo. Pero ellos no creen en las cifras. Los trumpistas no leen su blog, escasamente pueden leer los dibujos en las paredes de las cuevas de sus antepasados. Y con bastante trabajo.

Saludos