domingo, 13 de abril de 2014

Néstor Almendros o Retrato de un artista informe


Néstor Almendros
Sergio Giral

Conocí a Néstor Almendros en 1958, mientras trabajábamos juntos como camareros en el café Playhouse, en la calle McDouglas del Greenwich Village de New York. Hablábamos de cine y nos hicimos buenos amigos, pero nunca llegué a sospechar que aquel joven de acento español y seis pies de altura fuera a ser uno de los fotógrafos más importantes de la cinematografía internacional. Un artista inconforme que buscó a lo largo de su vida un asidero a su espiritualidad y valores humanos. Y uno de los personajes que más ha decidido en mi vida artística.

Néstor Almendros Cuyás nació el 30 de octubre de 1930 en Barcelona, España, el menor de tres hermanos, en una familia de afiliación republicana. Los acontecimientos que desataron el poder franquista en España llevó a la familia Almendros al exilio en Cuba, en 1948. Este fue el primer exilio de Néstor. En la Habana formó parte de cine-clubs y escribió críticas de cine, mientras estudiaba en la universidad. Sus contradicciones con el gobierno dictatorial de Batista y su pasión por el cine le hicieron abandonar la isla y viajar a New York, donde estudió edición cinematográfica en el New York's City College. Inquieto en su constante búsqueda de la imagen en movimiento, regresó a Europa, para ingresar en el Centro Sperimentale di Cinematografía, en Roma, donde perfeccionó sus experiencias como fotógrafo. Néstor veía al mundo a través de un lente, pero no el de su cámara sino el de su propia naturaleza.

Luego regresa a New York y realiza un corto de 8 minutos en 16mm ya con títulos de crédito y la palabra FIN, titulado 58-59, donde vaticina el triunfo de la revolución cubana. Esto lo movió a regresar a Cuba en busca de un posible sistema de justicia social que su familia le inculcara desde niño. Lo que Néstor no previó fue la avalancha censora del sistema que ahogaría su espíritu creador.

Reencontré a Nestor en 1962, ya convertido en un director de fotografía profesional, produciendo sus propios cortos en el Instituto de Cine Cubano (ICAIC). El reencuentro fue muy fructífero, porque me ofreció trabajar en el ICAIC para que yo pudiera llevar a la práctica mi pasión por el cine. Así fue que ingresé en el ICAIC e inicié mi carrera como cineasta, hasta mi partida definitiva de Cuba en 1991.

Durante su estancia en Cuba Nestor rodó muchas películas informativas y documentales sobre proyectos de gobierno, reforma agraria, higiene y educación. Junto a Tomás Gutiérrez Alea realizó en 8mm Una confusión cotidiana, y solo ayudado por su hermano Sergio, Gente en la playa, un delicioso cinema verite de la playa popular La Concha, con Vicentico Valdés en el sound track (corto que sería su pasaporte más tarde para el Cine europeo).

Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal

La censura y prohibición del los cortos PM, de Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal, y Gente en la Playa, del propio Néstor, por el gobierno cubano, engedraron contradicciones entre un grupo de intelectuales y artistas con el régimen. Sabido es que dió lugar al primer encuentro de Fidel Castro con el mundo cultural de La Habana, y su lapidario discurso, “Palabras a los Intelectuales”, donde definió la política cultural del país: “Con la revolución todo, contra la revolución nada”. Estos hechos catapultaron a Néstor fuera del la isla. Esta vez, para siempre. Nat Chediack, quien fuera director del Festival de Cine de Miami y amigo personal suyo hasta sus últimas horas, atestigua en mi documental La Imagen Rota, los tres exilios del artista.

Europa acogió a Nestor nuevamente. Durante los años 60 colaboró con Eric Rohmer, Francois Truffaut y otros cineastas de la Nueva Ola Francesa. Esta reputación lo llevó a Hollywood; la meca del cine universal le abrió sus puertas y le tendió una alfombra roja para su total desarrollo artístico. Su talento finalmente obtuvo su merecido con un Oscar de la Academia por la fotografía en el filme de Terrece Malick, Days of Heaven, en 1978, donde perfeccionó su técnica de depender de la luz disponible, lo que él llamó "luz natural", y rodar con la luz minutos previos a la puesta del sol, a la que llamó "la hora mágica". En una entrevista en Los Angeles Times que data de 1978, mientras filmaba Days of Heaven, definió su técnica así: "Como con el impresionismo, cuando los tubos fueron inventados permitieron a los pintores ir al aire libre y atrapar la luz natural." Otros filmes fotografiados por él, Sophie's Choice, Blue Lagoon y Kremer vs. Kramer, también fueron nominados al premio de la Academia.
Kim Novak, Néstor Almendros, James Coburn

A lo largo de su carrera Néstor obtuvo varios premios internacionales. En 1980 gana el Cesar por The Last Metro, de Francois Truffaut. En 1982 plasmó sus experiencias cinematográficas en su libro sobre fotografía de cine, Un Homme a la Camera. En 1984 fue condecorado La Legión de Honor Chevalier, Orden de las Artes y las Letras Francesas, por dirigir junto a Orlando Jiménez Leal, Conducta Impropia, recia denuncia de la persecusión de homosexuales por el gobierno de Castro. Más tarde, coproduce y coescribe con el cineasta Jorge Ulla, Nadie Escuchaba, sobre la represión y las violaciones de los derechos humanos en Cuba.

Su exitosa carrera fue tronchada por el SIDA que destruyó su organismo con un cáncer linfático. Fue entonces, durante su extendida y dolorosa enfermedad, que mi vida se vuelve a entroncar con la de Néstor. Después de un larga jornada como director de cine en Cuba llega el momento de mi desilusión, no tan temprana como la suya pero igual de auténtica. Mis deseos de salir de la isla y regresar a los EE.UU. hacen eco en sus oídos ya debilitados por la enfermedad, pero suficientemente receptivos como para tenderme un nuevo puente salvador de mi carrera y mi libertad individual. Néstor Almendros murió el 4 de marzo de 1992, en New York.

No hay comentarios: