domingo, 24 de noviembre de 2013

¿Parezco yo acaso un estafador?


Ese que ven en la foto soy yo: Roberto Marrero, soy un cubano, un genuino artista. Quiero hablarles de mi estrepitosa caída.  Pero ¿cómo empezar?

Vengo de una familia de actores de televisión. Es frente a la cámara donde he disfrutado mis mayores placeres. Los 80 qué duros: Trabajé en Miami Vice. Los 90 mejores: hice de "José" en Havana Connection. Después me consagré: A mi haber queda Ahí viene Cuco en 2011. A lo que voy: He sudado muy duro en este país para lograr el éxito. Yo miraba de lejos el ejemplo de otros cubanos, pero me fijaba en los que se habían hecho ricos rápido. Alguien dijo: "El tiempo apremia, la vida es corta". Es así como comencé a meterme en el negocio... fue por el 2006. La verdad que tuve suerte. Hacía billete y fácil. Y con tanto dinero uno se obnubila. Fíjense que en 2008 ya había lanzado mi estación de televisión. Eso no lo hace cualquiera. Y le di trabajo a muchísima gente en Miami.

Mi querida estación de TV ahora a la venta.
Sí, he de confersar que estafé al sistema de salud presentando $20 millones en facturas falsas al Medicare. Estoy en la televisión en un programa de Pedro Sevcec. Me he convertido en una estadística más, entre otros muchos estafadores que han desfalcado $223 millones al gobierno.

Qué bochorno terminar como un cintillo noticioso en el Nuevo Herald (quise siempre ser noticia, pero no así, no así). ¿Dónde comenzó mi caída? ¿Qué podía haber de sospechoso en tratar de ayudar a los viejitos de Miami? Aunque parezca oportunista, me interesaba realmente el bienestar de la tercera edad. Después de todo todo lo que hice fue ayudar a esos viejitos que no podían inyectarse la insulina. Íbamos allí con nuestros enfermeros y hacíamos el trabajo. Dábamos fisioterapia, algo necesario para la salud de los viejitos. ¿Qué querían que los enfermeros no cobraran? ¿Qué importa que inventáramos cuentas o pusiéramos más de los que eran? Un poco por aquí, un poco por allá. Y qué papeleo. Pero cuando las cosas van bien alguien se atraviera en el camino.

Me lo dijo un santero desconocido en aquella fiesta de la Pequeña Habana: "Marrero, veo un nubarrón en su futuro". Yo me fui corriendo de la fiesta. Pero la maldición se pegó.  Tres meses después se me cayó el mundo. El hp de Enrique Rodríguez que me denunció por una reducción de sentencia. Traidor... disculpen, no quería volver al tema de mi causa, pero por estos días no puedo coordinar mi cabeza.

A lo que hemos llegado. Hoy la gente piensa que cualquier cubano metido en el negocio de los viejitos es un estafador.  ¿Y cómo se le llama a eso? Estereotipo. No tengo la culpa que vivamos en una sociedad en que todos tratan de robarse los unos a los otros. ¿Dónde dejan a los políticos? ¿y los banqueros? Esos son los verdaderos estafadores.


¿No entienden? Yo era un capitalista en el mejor sentido de la palabra. Sin el dinero devengado de mis compañías LLC nunca hubiese podido abrir mi canal Cubana de Televisión. La ganancia de un negocio es la fuente que ayuda al otro. Así se hicieron las fortunas millonarias de los Flaglers, los Kennedys y los Vanderbilts. Ese dinero lo usaba como fuente de recursos. Es así como le di trabajo a tantos actores del patio. Pregunten por ahí y verán cuánta gente pasó por mi canal.

Ahora salen las lenguas viperinas diciendo que yo era un egocéntrico, que mi canal era el paradigma del mal gusto que nos caracteriza. ¡Pero nos sintonizaban en la Habana!  O será que la televisión es un negocio de mal gusto. Y usted que se sienta a ver el programa para luego criticarme, es igualmente una persona de mal gusto. Causa y efecto. ¿Qué querían, que hiciera novelas brasileras de aquellas que veíamos en la televisión en blanco y negro en los años 70 y 80? La operación del canal era una locura deliciosa y yo tuve el arrojo de hacerlo. Puedo decirlo: Llegué.  
 
Después de hacer tanto bien a la comunidad, ¿ahora también me van a echar en cara mis gustos? Se llenan la boca: que tenía "una flotilla" de autos caros. Sí, tenía dos Lamborghinis, un Ferrari y un Bentley.  Hay coleccionistas yumas por ahí que tienen más que yo. ¿Y qué? Quería darme ese gusto. Era un sueño de toda la vida poder estar al timón de una máquina que representara el non plus ultra.  Vaya, me sentía como un niño con sus juguete nuevo. Señores, un poco de vanidad es humano. ¿O no?

Qué duro es caer. Qué solo te quedas.

Y pregunto: ¿Quién está libre de pecado?

1 comentario:

Jacobo dijo...

El problema es que esos "viejitos" no se inyectaban ninguna insulina, ni se hacían fisioterapia, ni respiraban oxígeno embotellado. Ellos formaban parte de la trama de la estafa, ya que recibían dinero a cambio. Esto se acabará el dia que agarren una docena de esos "viejitos"y los metan presos y les quiten los beneficios y hagan una gran publicidad con el hecho. Ya veran como desaparecen los estafadores por falta de viejitos cooperantes.

Saludos