Wednesday, May 22, 2013

Monseñor Giulio Einaudi me atrabanca contra el librero de la santa sede en La Habana


Rosie Inguanzo

8. Maya y Alejandro hablan con un cantado que a nosotros nos da mucha risa. Los traen al parque a jugar pero si tratamos de agarrarlos duro, subirnos dos o tres al columpio, o si Maya corre a esconderse detrás de los arbustos con nosotros, la nana viene a separarnos y ya no deja que nos acerquemos hasta que se van. Maya calza medias blancas con pompones y zapatos extranjeros, de correas rojas o de charol negro. Es cierto que huelen mejor que nosotros. Hoy los veo cuando los sacan de la casa unas personas vestidas de negro, acompañadas por un militar de alto rango, el grupo y la escolta parten en tres Mercedes Benz más negros todavía. Desde mi balcón logro decirle a adiós a Maya que tiene la cara pegada al cristal del auto y mira hacia arriba. La mamá de ellos, hija de Salvador Allende, Beatriz Allende Bussi, se suicidó ayer, aquí enfrente; oigo que se hizo lo mismo que el padre, colocó el fusil debajo de la quijada y disparó. Nunca más la nana los trae al parque. Tengo 11 años.

9. Héctor Rivera trabaja como ingeniero y asesor de las obras del Arzobispado y ayuda a Oswaldo Payá Sardiñas en lo que puede sin mérito alguno. Nuestro encuentro tiene lugar en casa de Héctico y su mujer Elsie Patricia Puig Güidi —amiga de la infancia, en 21 y B, en el Vedado. Para llegar aquí "Oswaldito” ha debido evadir la vigilancia tomando tres medios de transporte distintos. Me cuenta de la recogida de firmas y me pide que transmita a Carlos Alberto Montaner y a la Plataforma Democrática sus planes, que divulguemos el Proyecto Varela. Tomamos café, nos retratamos, memorizo los mensajes. Estoy de visita en Cuba. Tengo 26 años.

10. A la misa de los domingos acuden extranjeros con funciones diplomáticas en la isla. En la iglesia de San Antonio he conseguido un trabajo ocasional cuidando una bebé en la embajada Suiza, pero como llevo fijo un corsé de yeso, los padres de la niña —que son los encargados del mantenimiento de la sede— me han rechazado después de la primera vez. Entonces el hermano Rafael me ha conseguido, por cuestiones humanitarias, trabajo  desempacando y organizando los libros en la biblioteca de la Nunciatura del Vaticano. El Monseñor Giulio Einaudi, nuncio apostólico en La Habana, viene a conversar o a alcanzarme algún jugo de frutas, y cuando se va la monja que nos vigila, me atrabanca contra el librero. Forcejamos mientras monseñor me embarra de su babosearía y yo lucho por sacármelo de encima —nunca le dejo hacer. Así, cada vez que viene con un postre o un refresco, la escena puede repetirse. Sor Juliana cuando me ve llegar me mira con odio, y nunca me ofrece nada de comer ni de beber; cada quince días, cuando le toca pagarme, me arranca de las manos el papelito con la lista de alimentos que le encargo y luego de dos o tres días me tira a los pies la bolsa con la compra. Estoy sola en Cuba. Tengo 14 años.

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De 1-7: El beso de Juantorena

8 comments:

Anonymous said...

Wow, my dear, son bellamente terribles! Saludith

Anonymous said...

¿qué son estos? ¿sueños?

omu said...

tantas capas, tantas... me gusta esto de apuntar con el dedopluma, mirando a los ojos del pasado con efurecidos pestañeos y salpicaduras de tinta.

y es que el que opta por olvidar se engaña tanto como el que opta por recordar. son dos realidades siempre y nunca hay verdad mayor que cuando se camina entre ambas logrando el equilibrio.

machetico said...

Volaísimo.

machetico said...
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Anonymous said...

PRUEBALO.

JR said...

Muy bien esas viñetas, Rosie. Ojeadas impersonales a la experiencia íntima. Breves episodios que hilados describen con devoción flaubertiana un paisaje de época. No hay jirones ni documentación social, no es necesario si las pasiones subyacen. Desfilan como sombras allá en el fondo del escenario. Entre lo imperturbable del testimonio y la reflexión del lector van trascurriendo dos dramas. El que se lee y el del nervio desnudo que rememora.

Miguel Iturralde said...

¡Ay! estos curitas... Son necesarios estos despojos de vez en cuando, al lector también le da por soplar las telarañas. Saludos.