lunes, 12 de diciembre de 2011

Soy Jon Corzine, un inversionista con cojones


Ese que ven en la foto soy yo. Me llamo Jon S. Corzine. Soy director, mejor dicho, fui director principal de MF Global. Tengo historia en la política y en las finanzas. Conozco muy bien mi trabajo. He sido senador, co-director de Goldman Sachs, ¡hasta gobernador del estado de New Jersey! En la foto trato de explicarle al Comité del Congreso de Agricultura que el descalabro de la compañía no tenía que haber ocurrido.

¡Qué compañía señores! ¡Qué oficinas!... con mi GT V8 Bentley Continental... las comidas en mi mesa fija en Alinea, los trajes de lana inglesa a la medida mandados a hacer en Mohan's, mis escapadas los fines de semana a Yellowstone's. Todo marchaba perfecto... hasta que se derrumbó. El paraíso solo duró un año. ¿Pero cómo? El euro sigue ahí... Sarkozy y Merkel dan la cara todos los días. Me cago en la madre de los griegos. Tenían que cargarla. Y el pendejo payaso de Berlusconi... Disculpen. Como pueden apreciar, estoy muy alterado. Tengo la presión altísima. Apenas duermo. No puedo concentrarme. Se me acusa en la prensa en la televisión. 

Sí, aposté $6,300 millones contra la deuda europea. Cierto, esa suma era equivalente a cinco veces los activos de mi firma. Pero tengo experiencia política. Era el camino correcto. Dije: "El euro no puede caerse. Sería una crisis demasiado destructiva". Bueno, hubo directores vacilantes y algunos miembros que se preocuparon. También es verdad que presioné a reguladores y auditores que sospechaban. Gracias a mis contactos políticos me fui abriendo camino. Quería que la compañía fuese pujante. Testosterona en el piso y millones van y vienen, el trago seco de "McCallan 18 años", el sudor en la frente, la derivativa, el margen de ganancia... ¡ahhh qué placer inefable!

¡Un inversionista con experiencia tiene que saber convencer! Les cuento: no hay altas finanzas sin apoyo político. Las regulaciones gubernamentales son el comején del capital. Y ganar es saber apostar. Nadie se hace rico con dinero apostándole a la prudencia. Las grandes fortunas se hacen asumiendo riesgos. Y cuando se trata de inversiones sofisticadas, ¿en quién van a confiar? Wall Street no es para cualquiera. Lo que debieran es premiar el arrojo. Ahora resulta que lo ven como un vicio. ¿En qué mundo viven?

Ahora me acusan de obseso, porque durante las reuniones consultaba mi BlackBerry en tiempo real para puntualizar transacciones de importancia para la compañía. ¿Y no era ese mi trabajo? En efecto, me excusaba en medio de alguna que otra reunión, pero solo para comprobar que todo estaba en orden. Ahora resulta que me sacan que tenía una carpeta especial de inversiones separada, con mis iniciales: "JSC."

¿Qué culpa tengo yo que a la gente se le aflojaran los pantalones? "Que no cunda el pánico" dije. Lo repito y lo repetiré: La deuda de europea se la tienen que tragar. ¿No les gusta vivir bien? Y ese dinero de donde salió. Hay que ver la hipocresía de mis propios colegas que ahora testifican y me sacan en cara que me adviertieron que el monto de la inversión había crecido mucho, que el euro estaba en peligro, que esto, que aquello. Les dije bien claro: "hay que tener cojones para estar aquí".

¿Que si me duele que se hallan esfumado $1,200 millones en efectivo de los clientes de la compañía? ¡Por supuesto! Simpatizo con esa gente que vinieron a testificar desde todos los rincones de la nación. Me sorprendió que muchos fueran gente común y corriente. Ese Peter Johnson, un pequeño agricultor de Kansas con un poco de Parkinson, o la vieja de apellido McKennah, de espejuelos grandotes, representando los fondos de cobertura de retiro del estado de Connecticut. Es una lástima, pero ya lo he dicho, invertir en Wall Street lleva sus riesgos.

¿Y qué pasó con los $1,200 millones? ¿Cómo puede haberse esfumado esa cantidad de dinero sin dejar rastro, Señor Corzine?

¡Qué se yo!  Después que uno apuesta el dinero cobra su propia vida. Es muy complicado para saberlo. Además yo no era el único inversor de la compañía. Ojalá lo supiera. Ojalá pudiera pagarle a cada inversionista hasta el último centavo.

Por favor, no me cojan lástima. Aún tengo mi nombre intacto (y mi dinero). No soy de los que se acobardan. Esto ya pasará. Ya vendrán tiempos mejores. Me apena separarme de Wall Street. Son pocos los que tienen la dicha de jugar con miles de millones. Señores. Son números, pero de verdad. Es una sensación inefable de color verde esmeralda. Apostar en la bolsa es... ser Dios.

5 comentarios:

Anónimo dijo...

Estos capos de Wall Street, nuestros gobernantes, financian campañas políticas para comprometer a otros líderes en sus negocios son, sin lugar a dudas, magnánimos ejemplos de delincuencia organizada. Muchas de las operaciones de estos marrulleros consisten en enviar armas a los países del sur y traer drogas al norte (en los mismos aviones y barcos). Estos bichos de mal agüero son quienes administran la educación, la salud y las cárceles del país ¿Tendrá algún fundamento las protestas de los pendejitos de la escuela de economía de Harvard?. PD. El demagógico sol promete que la playa está muy bonita hoy, me voy a recoger caracoles. Saludos, Judith G.

4 caminos dijo...

lo que hay que tener cojones para derrochar tanto dinero por gusto.

Anónimo dijo...

Me parece curioso que los lectores no comentáramos este texto de Corzine con más ahínco. ¿ A lo mejor es muy profundo o complicado? ¿Nos emputa el crimen de los semejantes a nosotros pero no de quienes nos gobiernan?;¿Quizás pensamos que no nos concierne? ;¿A lo mejor nos empeñamos en pretender que every thing is or is going to be okay?; ¿Todas las anteriores? hummmmmmm, Saludos, Judith G.

Miguel Iturralde dijo...

o quizás es demasiado deprimente...

Es increíble que depués de la experiencia que causó la desaparición de las sociedades de ahorro en la década del 80, y de la debacle financiera de 2008, siga la politiquería y las patentes de corso reinando en lo que viene a ser la espina dorsal de esta sociedad capitalista. Han puesto a los cabros a velar las lechugas y Dios que reparta suerte. A veces da la impresión que es un plan fraguado y ejecutado para poner a este país de rodillas.

Ciertamente hay que felicitar a Alfredo por estos magníficos artículos (mis excusas si el autor/a es otra persona). Por mi parte, tengo la costumbre de pasarlos a ciertas amistades, incluyendo a un par de financial brokers. Saludos.

A.T. dijo...

Gracias, Miguel.