viernes, 3 de junio de 2011

Libertad ciudadana "ante la ley"

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Los invito a analizar el problema de la libertad ciudadana desde el ángulo de Kafka en su "Ante la ley":  Lo que sigue es una versión kafkiano-castrista del relato.

Todo comienza cuando un ciudadano le pide al oficial de la seguridad que lo deje entrar por la puerta. Kafka no aclara si el entrar se trata de un derecho. Ya veremos por qué. El seguroso simplemente responde: "Es posible, pero ahora no". El ciudadano atisba y decide esperar. Hay sin embargo un detalle. El seguroso ha retado al ciudadano "atrévete". Nananina.
Durante largos años, el hombre observa casi continuamente al guardián: se olvida de los otros y le parece que éste es el único obstáculo que lo separa de la ley. Maldice su mala suerte, durante los primeros años abiertamente y en voz alta; más tarde, a medida que envejece, sólo entre murmullos. Se vuelve como un niño, y como en su larga contemplación del guardián ha llegado a conocer hasta las pulgas de su cuello de piel, ruega a las pulgas que lo ayuden y convenzan al guardián.
Triste destino. Ahora el ciudadano decide sobornar al seguroso. Para lograrlo se integra al proceso, hace guardia en la cuadra, va a la plaza a oír al susodicho, y de vez en cuando repite el mantra del viejo Jotavich. Con los años, el ciudadano y el seguroso son casi yunta. Este último se franquea con el primero: "todo pinta bien, pero así y todo no puedes entrar".

Lo que sigue puede sorprender a cualquiera:
Finalmente su vista se debilita, y ya no sabe si realmente hay menos luz o si sólo le engañan sus ojos. Pero en medio de la oscuridad distingue un resplandor, que brota inextinguible de la puerta de la ley. Ya le queda poco tiempo de vida. Antes de morir, todas las experiencias de esos largos años se confunden en su mente en una sola pregunta, que hasta ahora no ha formulado.
En su lecho de muerte el ciudadano sabrá, de boca del seguroso lo siguiente: "esta puerta estaba reservada solamente para ti. Ahora voy a cerrarla".

¿Cuál es el misterio?

Hay una versión fácil, en la que el ciudadano es víctima de un chantaje político: El ciudadano tiene miedo del seguroso y decide esperar. Y mientras, a resolver. Abriga la esperanza -equivocada- que esperar es la mejor salida (o la mejor entrada posible). Pasa el tiempo y se embarca. La espera hace estasis. De la estasis surge la sorpresa de que podía haber abierto la puerta, pero ya es demasiado tarde.

Proponemos otra versión alternativa: El ciudadano miente y se miente. Realmente no espera. ¿Esperar qué? Siempre ha visto la puerta como un es-posible-pero-ahora-no, fenómeno que después de todo es su realidad cotidiana. Quisiera entrar, sí, pero ese deseo no es decisivo como para sacarlo de su -denso pero cómodo- marasmo. Querer entrar a la puerta no es más que un epifenómeno político. Demasiado al norte de los hechos, demasiado separado de la tierra. Y el seguroso es el primero en darse cuenta. De ahí que terminen comulgando, metiéndose forro el uno al otro: El seguroso que "es posible"; el ciudadano, que "un día lo dejarán entrar". Ese teatro de pretender esperar del ciudadano no es ni conciente ni inconciente. Es un para-qué-perder-el-tiempo, para-qué-volvernos-locos, tropical existencial. Un vivir por vivir debajo de la vida.

¿Y cómo pudo ignorar por tanto tiempo que nadie entraba por esa puerta? Y los demás, ¿acaso no existen? Sí y no. El ciudadano no es realmente él, sino todos. El pueblo, compuesto por cada ciudadano, esperando con su puerta y su respectivo seguroso vigilante. La realidad kafkiana aplicada al castrismo no resulta ni en una alienación burocrática, ni en una victimización brutal. Se trata de algo mucho más banal. Un acomodado desliz que ni siquiera hace crisis.*

Aunque parezca anti-kafkiano, el ciudadano sí disfrutaba de sus guardias, compartir el vacilón de las concentraciones, los círculos de estudio, etc, etc. La razón es que cada ciudadano forma parte de un arreglo geométrico-político que resume pasado y presente. Para el ciudadano la puerta nunca estuvo cerca. Siempre fue un es-posible-pero-ahora-no al norte del horizonte. Todo, o casi todo, hubo de morar en la densa inmanencia del es-posible-pero-ahora-no que termina por tragarse millones de almas que aún esperan que algún día los dejen entrar. Generaciones perdidas en el litoral de la espera sin espera.

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*Por supuesto que durante la interminable espera habrá habido momentos de duda e inquietud por parte del ciudadano. Pero nunca lo suficiente para hacerlo despertar del pelágico letargo. 

4 comentarios:

Anónimo dijo...

El vivo retrato del cubano.

Anónimo dijo...

me parece que a estas alturas ,comparar a kafka con cuba es un poco cliche

R. Portas dijo...

Lo he vuelto a leer. Muy bueno.

JARET SIERRA dijo...

Esto sí me sirve bien. Tiene sabor a fábula China, donde se abstrae un cuento para iluminar un misterio que sale de un mito con enigmas. Me gusta la interpretación de un Ideal como La Justicia que se aleja por el horizonte: nos hace recordar que todas esas abstraciones no son más que símbolos, como muñequitos en nuestros sueños, tarecos que sirven, y a veces no, para manejar los procesos adaptivos de nuestras mentes en confrontando la vida.