lunes, 11 de abril de 2011

¿Y dónde está Obama?


El artículo de Kruman de hoy en el New York Times  viene por la goma y se aviene a nuestro post del domingo. La oligarquía domina los titulares del discurso político:
Démosle al presidente el beneficio de la duda. Supongamos que $38,000 millones en recortes de gastos fue la mejor oferta disponible. Aun así, ¿tiene Obama que celebrar su derrota? ¿Se ha de alabar el Congreso por promulgar "la reducción mayor en nuestra historia", como si los cortes (cortes que dificultan el crecimiento y acentúan el desempleo) son en realidad un logro? Entre otras cosas, el acuerdo elimina cualquier efecto económico positivo de la política que Obama ganó el pasado diciembre (la extensión de la exención de 2009 los trabajadores estadounidenses). El precio de ratificar lo anterior fue la extensión por dos años de los recortes fiscales de Bush a favor de los ricos (a un costo inmediato de $363,000 y que ahora parece cada vez más que esos recortes se hagan permanente). Es decir, Obama no ha podido, no ha tratado, no lo parece, a la nueva filosofía del discurso político en Washington. Una filosofía que dice que los pobres deben aceptar recortes fuertes en Medicaid y cupones de alimentos, que la clase media debe aceptar fuertes recortes en Medicare (es el desmantelamiento de todo el programa), mientras que las corporaciones y los ricos se merecen pingües reducciones en los impuestos. ¡Qué manera de compartir el sacrificio!