miércoles, 30 de marzo de 2011

Jorge Camacho In Memoriam


Reinaldo Arenas

... En el momento del adiós, ¿qué mares convocar para que nos susurren “todo es sueño”?, ¿A qué clavo ardiente aferrarnos? ¿Qué bóveda, qué piedra, qué peregrinación hacia inaccesibles mecas, qué raíz siete veces machacada, qué inconmensurables promesas, qué oraciones, qué conjuros podrían salvarnos?

Ya alucinados -tres años más, un minuto más- nos debatimos entre las aguas subterráneas, nos inclinamos ante el hombre cielo-oscuro. Con un banquete reverenciamos la imagen del Paho..

Mientras descendemos, o nos elevamos entre un delirio de azules cambiantes, todo, con tal de permanecer, lo ofrendaríamos al dios por venir. En tanto que los ocres multiplican sus círculos de fuego nos resulta imposible controlar nuestro suplicante aullido.

Iconos

Talismanes

Esfinges y cuerdas

Bastones rituales

Mitología Hopi, momias empaquetadas en cintas kilométricas, taumaturgias y fantasmas.

Complejo y apresurado inventario invocado para retener una ilusión -la vid- que tal vez mucho antes que el cuerpo ya nos había abandonado.

Sólo queda el canto de las arenas con la desesperada huella que en él dejaremos. Y ese canto de alguna manera transmitirá nuestros signos.

Queda el canto, el gran canto. Ese que a veces un poeta, un pintor, ha sabido escuchar.

Lisboa, mayo de 1987.

En: Jorge Camacho. Dieux du force
Muelle de las Carabelas. La Rábida. Palos de la Frontera. Huelva, nov. 1999