sábado, 12 de marzo de 2011

Update: Autoridades japonesas inundan el reactor para prevenir fusión nuclear. ¡Explota planta nuclear de Fukushima en el norte de Japón: se reportan 9,500 desaparecidos! Hay escape radioctivo. Se teme una posible fusión nuclear


Alfredo Triff

Lo que se temía en las últimas horas ha ocurrido.

Lo irónico de la explosión en la planta de Fukushima es que la causa de la misma no se debe a un error humano en sí, sino la contigencia de un enorme desastre natural.


Lo severo del accidente significa que el daño estructural habría sobrepasado la salvaguarda de los tres sistemas de la planta nuclear. ¿Puede prepararse la tecnología para una eventualidad como esta? La respuesta tiene que esperar. Por ahora las autoridades luchan desesperadamente con el problema de la radiación que ha escapado del edificio.

La explosión nos trae al "milagro" nipón:

 Distrito Shinjuku en Tokyo

A nivel simbólico, el accidente en la planta de Fukushima representa el fracaso de un modelo de desarrollo japonés que emulaba al sistema capitalista norteamericano y que despunta con fuerza a partir de la década de los 60. El "milagro" como ha sido llamado ese tipo de desarrollo, basado fundamentalmente en la idea clásica de crecimiento económico, pero el número 2 de la economía mundial termina ahora en tercer lugar detrás del otro "milagro," China. El Japón de los 2000 no es aquel pujante, digno de emularse, de los 80 del siglo XX. Japón lleva casi dos décadas de parálisis económica (lo que los economistas han llamado "la Gran Recesión").1

20 años de malas noticias deprimen a un país. Pero la economía es una ciencia casi-perfecta, dicen los economistas. Y los nipones le hicieron frente a la crisis con actitud keynesiana. Los japoneses hoy en día tienen un déficit muy superior al de EE.UU. La sociedad japonesa está en deuda con su propio futuro -de paso el Banco de Japón ha aprendido que imprimir Yens no es suficiente para resolver la crisis.


Todas esas inversiones en infraestructura durante los 90 y 2000 tempranos, aunque necesarias e incluso oportunas, no levantaron el monstruo (metáfora hobesiana del animal economico-político). Luego, otro engendro cantaría: Mitad ballena y mitad gorila, mutante sáurico de inteligencia casi humana. Godzilla se llama.

Cuando Godzilla contra-ataca:

¿Es Godzilla (1954) una pre-anticipacion de la explosión de la planta nuclear de Fukushima? Y post-Fukushima, ¿no será tiempo de revisar nociones no tan obvias como "el bien" y "el mal"?*   

Aunque no es el momento de tratar este tema, acaso es tiempo de revisar nuestro modelo económico clásico: La idea de desarrollo con su GDP (PIB producto interior bruto) y hablar más de sostenimiento... es obvio que las riquezas orgánicas e inorgánicas del planeta no son ilimitadas. Cada vez son más los economistas que nos alertan a crear una nueva economía, que considere variables objetivamente finitas como el agua potable, la polución del agua y el aire, la pérdida de bosques, humedales, la erosión del litoral, la reintegración urbana, etc, etc, etc.
John Stuart Mill (1806-1873) publica su Principios de Economía Política en 1848

¿No es raro que la macroeconomía clásica esté fundamentada en categorías metafísicas no reales, por ejemplo, que el sistema de mercado obedezca a una dinámica circular entre producción y consumo, que las materias primas estén en una categoría aparte, que el control del daño ecológico no sea parte del "mercado", que la naturaleza sea ilimitada y "utilizable", que no existan biolímites al crecimiento de los sistemas? ¿Y qué hay de esa idea central de la economía política anglo-americana, el homo economicus, por definición un ser atomístico, alimentado principalmente por su egoísmo?2

Thomas Malthus (1766-1834) ofrece una visión menos optimista que la de Mill o Adam Smith3

La idea misma de "costo" y lo que oculta (por ejemplo, que un hamburguer de McDonalds puede ser aparentemente barato, pero a la vez muy caro en término de homogenización de cultivo, aumento de C02 en el medioambiente, desperdicio de ganado que termina en las fuentes fluviales, obesidad, etc, etc, etc.). Nuestra economía actual no refleja el "costo real". Para ello no habría más remedio que reducir el crecimiento. Hacerlo más lento, algo en lo que nadie quiere ser el primero.

De ahí que la crisis en Japón no sea un hecho particular. Es un síntoma universal, actual, insoslayable.

Algo está a punto de quebrarse. El peligro de una hecatombe humana.
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*En el contexto del comic distópico nipón, Godzilla saca a flote el tópico tabú de las consecuencias catastróficas de la radiación nuclear, el apocalipsis. Pero desde Fukushima, la realidad ha superado la ficción. Habrá que revisar el fracaso del héroe científico japonés, modelo de competencia técnica y dedicación, cuya misión era la supervivencia nacional. No hay duda que post-Fukushima "el bien" significa elaborar una estrategia ecológica sostenible, codo-a-codo en alianza con el lado bueno de Godzilla, si es que le queda, si no ha mutado del orden al caos. ¿Será la venganza de Godzilla el retorno a un momento geológico pre-precámbrico?  1Pocos saben que Japón (otrora país de superávit económico, como lo es China ahora) ya tuvo su "burbuja" de bienes raíces en 1989, lo que llevó al país a la crisis. Pero la burbuja japonesa fue más perversa, dado que la economía del país estaba impulsada por altas tasas de reinversión. Las inversiones japonesas se orientaron cada vez más fuera del país, las grandes fábricas de cierta manera perdieron su ventaja tecnológica (la vuelta de "calidad" de Detroit a mediado de los 90, el comienzo del despegue de China). Dado que los productos japoneses se hicieron menos competitivos en el extranjero, la tasa de bajo consumo comenzó a golpear la economía, provocando una espiral deflacionaria. El Banco Central japonés hizo lo mismo que el FED americano desde el 2008: fijar las tasas de interés a aproximadamente cero, pero nada de eso logró detener la deflación. 2 De acuerdo al modelo, el homo economicus busca su bienestar de manera racional. Es decir, hablamos de una razón utilitaria y egoísta. Lo que aprendemos de la debacle financiera de 2008 es que el homo economicus (y pongo a Bernard Madof como ejemplo), lejos de actuar racionalmente, se comporta como un ser irracional que busca su lucro no importa cuáles sean las consecuencias, incluso su propia caída. Madof fue por mucho tiempo "el modelo" a seguir por toda una generación de inversionistas en Wall Street. 3Salvando el hecho de que el análisis político económico de Malthus se concentra en aspectos demográficos, lo interesante es que Malthus (heredero de la economía clásica inglesa) presupone que la naturaleza tiene límites.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Al parecer los japoneses tienen un karma radioactivo por ahí. El mundo se está poniendo malo. Hay que esconderse en Topes de Collantes.

(Perro Apaleado)

JR dijo...

Buena reflexión, AT. Perdona el término reflexión tan castrizado últimamente. Aónimo, me cuadra eso de Tope de Collantes.

a tuti dijo...

loque debemos comprender es que algo como eso le puede pasar a cualquiera en cualquier parte. da mucha pena la desgracia por la que estan pasando los japoneses.

R.L.R. dijo...

Estoy muy de acuerdo. El horror que estamos presenciando hoy debe servirnos de aviso para comenzar a evolucionar hacias nuevas fuentes de energía, formas de intercambio económico y convivencia en este planeta, en este siglo... si queremos tener un futuro como civilización.