lunes, 7 de marzo de 2011

¿El derrumbe de un discurso?


Jesús Rosado

El Presidente Barack Obama acaba de aprobar la reanudación de los juicios a los presos en el centro de detención de Guantánamo. La clausura de esta prisión, denunciado como centro de tortura, fue una de sus prioridades durante su campaña electoral. ¿Ha claudicado el presidente ante la pujanza del conservadurismo en la política norteamericana? La decisión se une a una actitud tibia ante la renovación de la estructura financiera, las concesiones a los intereses sionistas en el Medio Oriente en el contexto de las rebeliones árabes, la cancelación de las propuestas de una reforma migratoria y la proclividad a una actitud intervencionista en el caso concreto de Libia. Su condición de Premio Nobel de la Paz va quedando en entredicho, agobiado por presiones que lo arrastran a un comportamiento exacerbadamente pragmático y lo ponen al borde de nuevos conflictos bélicos en las costas de Libia. No puede ser que un presidente de nación tan poderosa gire de manera intempestiva su discurso a extremos tan contrapuestos. Ser presidente de EE. UU., es un compromiso con intereses de amplias capas y con el de densas y escabrosas verticalidades. Obama ha mostrado talento, intelecto y sentido utilitario, pero poca entereza al afrontar el fuego cruzado de los intereses de gobierno. El resultado ha sido un liderazgo frágil y camaleónico. Ni liberal, ni conservador. Peor que neutro. Estamos ante un mandato plegable, sedoso, sometible. Peligroso para el hegemonismo de una potencia. Engañoso para la expectativa de las multitudes. Gobernar USA requiere experiencia en el pulso ejecutivo más que noción tecnocrática, requiere temperamento para lidiar con los egos autocráticos que merodean el poder. Hay un tramo que saldar en el equilibrio administrativo de tan compleja correlación.  De momento, las madrugadas del presidente parecen haber carecido de brújula y cuando ello ocurre en el caso de un mandatario de nación tan poderosa, los amaneceres en el resto del orbe suelen cargarse de incertidumbre.

5 comentarios:

A.T. dijo...

Es triste, pero ha claudicado. Obama no es Clinton y por otra parte (no olvidemos) es negro -y no es fácil. No solo Guantánamo. La política con el medio oriente ahora mismo es un desastre.

Anónimo dijo...

Conclusión: la politica es una mierda

Anónimo dijo...

q pena. RI

Anónimo dijo...

adios al cambio

Anónimo dijo...

Bueno, es que así es en este país: los presidentes tienen que seguir la línea ya establecida. Obama no tiene el poder que algunos piensan. Ya todo está pensado por otros, quienes le dicen lo que tiene que decir o hacer. Obama es simplemente el vocero de esa política, sobre todo lo que tenga que ver con cuestiones y agendas imperiales. En cuanto a la política interna, pues ahí sí tiene más autonomía. Si Obama decidiera cumplir con lo que prometió en campaña y vivir según los principios de los que habló, hasta ahí llegaría su presidencia. Se metería en serios problemas. Y Obama no es tan valiente.