lunes, 29 de noviembre de 2010

Soy una víctima del sistema


Especial de tumiammiblog

Este que ven en la foto soy yo. Me llamo Nick. Soy un hombre pasado de los 60. Tengo dos hijos jóvenes. Estoy abatido, amargado. Hace menos de diez años era millonario. Hoy empero, soy un pobre con deudas a cuestas. ¿No me creen? La culpa es mía y de mi mujer, por ser tan ciegos. Lo teníamos todo. Ahora parece que fue un sueño. Hemos condenado a nuestra familia a la miseria. Por favor, permítanme; necesito contarle a alguien mi desgracia.

En 1998, después de vender el negocio de publicidad de mi padre por $600 millones (irlandés luchador con una voluntad de hierro), entre toda la familia nos dividimos la fortuna. A mí me tocaron $14 millones y después pagar los impuestos me quedaron $10 millones limpios. Era como nacer de nuevo: La tabula rasa. Un nuevo amanecer. Ser dueño de tu destino. Por aquel entonces se daba por sentado que los bienes raíces eran la inversión más segura. Por lo tanto nos compramos una casa antigua pero bella, por $250,000, en Tuperlake, NY. La propiedad daba a un hermoso lago bordeado por un bosquecillo de robles y pinos y se nos ocurrió añadir un embarcadero para botes y otras estructuras aledañas. Sería nuestra casa de verano.

Entonces decidí perseguir el sueño de mi vida: Ser novelista. Compramos una casita de campo en Somerset, Inglaterra. Pensaba que sería el lugar ideal para escribir. Por casi dos años trabajé afanosamente y finalmente publiqué la novela. Su título Sin embargo no se vendía. Y eso que mis amigos me aseguraban que sería un éxito. ¿Será que mi amor por la literatura había sido vano? Fueron meses de dudas y decepciones. En 2002 decidimos cambiar de suerte. Ahora no puedo evitar un sentimiento de repulsión por los ingleses. Se que es irracional, pero mi fracaso fue un golpe muy duro.

Decidimos volver a los Estados Unidos. Nos compramos una casa en Vermont. No era tan cara, si se tiene en cuenta que era una mansión Tudor de 8 cuartos por $650,000. Nos mudamos, aunque seguimos renovando nuestra casa al lado del lago. No comprendo, no era capaz de ver que el dinero se nos iba. No es que el gasto fuera sorpresivo, sino lo contrario, era como una gotera incesante, diminuta pero persistente. ¡Una mañana me di cuenta que se habían evaporado 5 millones! Entonces comenzaron las tensiones, las peleas. No podía soportar a mi mujer y sus gustos burgueses. Le gustaban los caballos, uno de ellos Star, un esbelto caballo árabe nos costó $173,000. Sí, ya sé. Parece fastuoso. Y eso que no saben que un día se me metió en la cabeza celebrarle un cumpleaños en el Waldorf Astoria y comprarle un abrigo de Mink por $7,000. Malditas tarjetas de crédito. Esa American Express Negra me hizo gastar cientos de miles de dólares en placeres nimios. Carga y carga, y luego pagamos. Y venían los cobros de $50,000 de vacaciones y ropas para los muchachos y resturantes y gimnasio, y viajes por Europa... 

Contaba con que podría vender la casa de Vermont y ganarle el triple. Pero no, no se vendía. Mientras, el verde se nos seguía escapando de las manos. Llegó el 2007. Entonces estábamos concientes que la fortuna se escurría, se evaporaba. Empezamos a venderlo todo. Era la locura: Mis escopetas de caza, las vajillas de Sevres. Mi Aston Martin amarillo del 75 subastado por $385,000 -al menos me quedaba el Jaguar. Conseguí un trabajo enseñando inglés que me pagaba $14,000 al año. Mi mujer aplicó para un trabajito donde ganaba $12,000 al año. Al menos era una entrada. Creíamos que podíamos capear el temporal. Fue entonces que vino la avalancha de 2008.

En el invierno de ese año después de vender todo lo que teníamos, todo, tuve que liquidar mi retiro por la magra suma de $98,000. No tenía otra manera de pagar a mis acreedores. He buscado una modificación en mi hipoteca, pero aunque me han rebajado de $7,000 a $3,500, la verdad es que mi economía no llega ahí. Hoy por hoy manejo un camión Ford destartalado. Se que voy a perder la casa y con ella todo nuestro esfuerzo. Estoy acabado. No tengo esperanzas. Vivo como un autómata, tratando de no transmitir a mis hijos mi profundo vacío. El sueño americano me ha traicionado. Soy una víctima del sistema.

9 comentarios:

Anónimo dijo...

Eres una victima de ti mismo y de tus excesos. Pero que facil es cargarselo al sistema. El sistema te hizo rico. Eres tu el que no supo manejar su dinero. Vete a Corea del Note anda.

Anónimo dijo...

Lo siento...la considero una historia sin ningún valor. No es que el sea "la víctima del sistema" sino que el representa lo peor del sistema con las actitudes que ha tomado...el es su propio asesino.

Amílcar Barca.

Anónimo dijo...

no eres victima del sistema, eres victima de tu irresponsabilidad y vista corta.

Anónimo dijo...

Si creo que es el sistema que induce. Es el mismo lio de siempre si somos tan independientes de esas fuerzas sociales que manipulan. El ejemplo esta en Cuba la gente sigue yendo a la Plaza con Fidel.

sonora y matancera dijo...

poor fucking asshole

Alfredo Pong dijo...

Entonces que funde una ONG para Victimas del Sistema Capitalista Criminal e Inhumano. de seguro que recibirá muchas donaciones de Universidades y de muchos progres de izquierda.

La Loli dijo...

Este hombre no se llama Nick sino Nicolás y no es Norte Americano sino cubano:

queria ser escritor (novelista)

rechazó el negocio de la publicidad

queria tener una casa de verano y otra de invierno, una en Europa y otra en USA

era manirroto y no entendia como funcionan las tarjetas de credito

se casó con una mujer de gustos burgueses con la que peleaba continuamente

dice que es una victima del sistema

y por ultimo, dicen que ya se abrió un blog!

Anónimo dijo...

jajajajajaja

Anónimo dijo...

10 Millones!..cualquiera se vuelve loco caballero!..y con menos que eso también. Miren al pobre de Varela,hecho un rastrojo.
Es cuestión de carácter, el saber vivir espléndidamente,con o sin "estilla".