miércoles, 4 de agosto de 2010

Fascismo y límites del arte relacional

Gerardo Muñoz de Puente Efráctico escribe para Salon Kritik sobre el fascismo:
¿Acaso no éste también el ensueño político-estético de los que hoy encuentran el arte participativo la potencia de la democracia radical? ¿No ha sido, en efecto, el antagonismo del arte relacional, el modelo par excellance de la agenda futurista y de la lógica multinacional del presente? Mientras que los críticos, artistas, y actores del arte contemporáneo no despejen el área de la participación como lugar neutral, dudo que se pueda pensar en la política tal y como lo pensó Walter Benjamin: no como introducción relacional dualista en la esfera del arte, sino como afecto que une formas bajo el signo dialéctico auristíco de la autonomía y la emancipación.

El arte relacional contemporáneo se confina en una zona gris de indeterminación, donde precisamente \ la política se esfuma. De la misma forma que movimientos políticos populistas pueden integrar la movilización de las masas, el arte encuentra en la relación un vínculo adulterado, o sea un artefacto de de funciones de consolidación social, en vez de una autonomía crítica. De ahí que Alain Badiou, enseñe que la abstracción del arte no imperial no consiste en apelar a la especificidad de sujetivzación en particular (obreros, marginados, desamparados), sino hacia el fin de un aristocratismo proletario.