domingo, 7 de febrero de 2010

Commando Cody



Con este serial de TV, protagonizado por Judd Holdren y Aline Towne, una generación completa descostró sus legañas en las mañanas dominicales de los sesenta. Tetero en boca los más chicos, o los más adolescentes chicleando antes de la leche con Kellogg’s, nos embobecíamos al sintonizar la CMQ con las peripecias de aquel “hombre que volaba”, surgido del Rocketeer que ideara el historietista Dave Stevens. Luego, disfrutábamos de Highway Patrol con Broderick Crawford y más tarde de Lassie, para rematar con Huckleberry Hound, al filo del mediodía. ¡Qué insospechado estaba todavía el tener que cambiarlos algún día por Star Trek, después de arribar a tierras extrañas! ¡Y qué cerca, entonces, nos mimaban el aroma a Pilón o los sabores del Nestlé inmersos en el blanquísimo calostro que llegaba inmaculadamente procesado desde la planta Algibe! Casi todas las delicias del mundo humeaban en la tostada con mantequilla que preparaba la mano de mamá. El resto del ocio se licuaba en la pantalla blanquinegra. Edad exenta de vilezas que palpitaba en matinée. Memorias de la curiosidad feliz. Eran tiempos en que la inocencia aún permanecía ajena a las consignas. (JR)

11 comentarios:

A.T. dijo...

¡Quiero mi café con leche con pan con mantequilla!

william Rios dijo...

....lo tienes pero no con el aroma de alla ....jajajaja .me mato los botones del control para bajar....pero vuela mejor que flash gordon

mantilla dijo...

Siiii,la tetica del pan bien tostadita mojadita en el cafe con leche

Anónimo dijo...

Si quieres que el desayuno este completo te puedes ir leyendo esto.

¿El espíritu de las naciones? (I)
por Ignacio T. Granados

El Romanticismo, en rigor, se lo inventaron los ingleses; y no todos, sino aquellos que no se aguantaron las convenciones; y no porque quisieran inventar nada, sino porque se dieron al placer de lo que quisieron hacer. Los franceses, frustrados por ese espíritu deshacedor de las revoluciones —cuidado con la Galia, que es letal— se apropiaron de eso, le pusieron un discurso hermoso y le embutieron un sentido grandioso, una ideología. Los alemanes, peor aún, asumieron esa construcción francesa y en el colmo de la esquizofrenia le dieron valor de identidad nacional y la hicieron ethos. Gracias a semejantes descalabros, hay que reconocerlo, heredamos mucha belleza; todo el patético gesto de una gesta de amor y sensualidad, desde el enfermizo Byron al estatuario Goethe, pasando por el alucinógeno Nodier.


No será casual que la revolución inglesa fuera industrial y económica, pragmática, mientras que la francesa se regodeó en lo utópico, con ese horror político y sangriento, ni que la alemana fuera furibundamente religiosa y filosófica. Al final, a los alemanes debemos el Surrealismo, que es valioso como canon y es una schola, pero que ha devenido, como escuela al fin, en el fraude institucional de las artes y el impresionismo en la crítica, que es intelectualoide, porque no es lo mismo que en la pintura. Sin embargo, los ingleses, sin tanto problema, alimentaron lo popular; porque el mejor gótico literario será alemán, y con ello un poco intratable, pero el canon de verdad es Frankenstein y no Alraune, y prosigue en la literatura norteamericana, que es genéticamente inglesa.

El burdo realismo norteamericano, con esa belleza de su brutalidad [Faulkner], determinó al mágico latinoamericano; que así no vino de aquel Crítico de los franceses sino del hiperrealismo inglés, por más que Carpentier se aprovechara. En vez de criticar tanto y arreglarle las cuentas a Dios, los norteamericanos se encantaron con su paradoja profunda, sin racionalizarla. Quizás sea por eso, a la hora de ser gozoso e infantil, que los ingleses nos dieron el sin sentido [non sense] un poco perverso de Lewis Carroll; mientras que los franceses nos legaron un petit prince, que es hermoso pero demasiado rígido y sensible, moralista y sentencioso con esas lecciones de vida; obviamente irreal [utópico] el principito, no onírico como un conejo con chistera.

No se trata de hacer ruido, pero si Occidente se funda en Europa habrá que hacer caso de ese elusivo espíritu de las naciones, que cierto culturalismo al fin y al cabo ya va siendo más racional que el racionalismo puro, tan abstracto como equívoco, con que se divierte Dios cuando nos mira desnudos e impotentes.
Publicado por Cuba Inglesa en 08:30 140 comentarios

Etiquetas: Ignacio T. Granados

william Rios dijo...

..mi abuela era de mantilla , muy fuerte ese lugar....

Alfredo Pong dijo...

Ojo al mediodia Flash Gordon, que veiamos con el almuerzo después de la sesión de la mañana en la escuela, y en la tarde El Llanero Solitario con los jugos Stockely, para luego ver a Rin Tin Tin y el cabo rusty, y Más tarde Bat masterson, Un paso al Más Allá, y el plato fuerte: Perry Mason. Lo malo fue que todo se acabó y llegaron Las Aventuras, que aunque no eran malas se alejaban mucho de los anteriores.

Anónimo dijo...

El dibujo es un taxi que arrollo un viejo, que venia de haber comprado unos bombillos y una gallina.


Payaso- critico de arte

Anónimo dijo...

Jesu, mis domingos empezaban con el cafecito en vaso que nos traía mami a la cama, a veces las torrejas dulces que papi preparaba, o el pan embarrado con aceite y ajo- con suerte. Y la Comedia silente. RI

JR dijo...

La Comedia Silente, Rosie, otra distracción fascinante. Con el doblaje farsesco de Armando Calderón que disfrutamos hasta aquel célebre "de pinga, queridos amiguitos!" que se le escapó en una matiné y le costó unos años de suspensión de la tele.

Susodicho dijo...

...y entonces, queridos compañeros y compañeras, el desayuno dominical del niño cubano fue evolucionando hacia el socialismo. Hacia un compromiso desde los tempranos años de la infancia con los principios de la Revolución. ¿Porque qué era aquello de café con leche con pan con mantequilla sino otra cosa que un despreciable comportamiento burgués? Una verdadera burla a la noble condición del proletariado cubano

Anónimo dijo...

Sí, La Comedia Silente era comienzo indispensable los domingos...

Saludos,

MI