viernes, 18 de diciembre de 2009

Triste episodio de las Damas de Blanco, aquí relatado por Giovanni Boccaccio


Justo J. Sánchez

Cuando más agraciadas Damas de Blanco, pienso cuán piadosas sois por naturaleza, tanto más conozco que el presente relato tiene a vuestro juicio un principio penoso y triste, tal como es el doloroso recuerdo del pestífero episodio por vosotras pasado, vergonzoso y digno de llanto para todos aquellos que lo vivieron o de otro modo supieron de semejante acontecimiento.

Transcurrían los años de la fructífera Encarnación del Hijo de Dios llegado al número de dos mil nueve cuando a la egregia ciudad de San Cristóbal de La Habana, nobilísima entre las urbes del Cuarto Mundo, llegó una fetidez insoportable. Arácnidos inenarrables, enormes batracios que con crustáceos llegaban de los barrizales de Cojímar y desde Batabanó eran poseídos por extraña ira e imaginaciones febriles. Reptiles e insectos de especies varias hacían su entrada desde la Ciénaga de Zapata y al contacto con la virulencia, se unían a la violencia generalizada instados por sabuesos y mastines del Ministerio del Interior y de las Fuerzas Armadas que a la sazón “trataban” los asuntos de Yoani Sánchez y las Damas de Blanco.

 Aquella ola de calor que sobrevino sobre La Habana durante el mes de diciembre hizo que de los cuerpos sudorosos de los lumpenproletariat emanara un humor aún más fétido. Unido a los vapores de los animales y de los turistas (taxistas alemanes, camareros italianos en pos de Eros) salir a la calle –no sólo a una valiente protesta sino a cualquier cosa- era enfrentarse a la pestilencia mortífera.



Oí a una persona digna de fe, que en una venerable iglesia de mañana, no habiendo casi ninguna otra persona, tras los divinos oficios se encontraron varias mujeres, todas entre sí unidas o por amistad o por vecindad o por parentesco, o por tener familiares encarcelados, discretas todas y adornadas con ropas blancas y honestidad gallarda. Se reunieron y comenzaron a discurrir sobre la condición de los tiempos, muchas y variadas cosas. Luego de algún espacio, callando las demás, así empezó a hablar una de ellas:
-Vosotras podéis, queridas señoras, tanto como yo haber oído muchas veces que a nadie ofende quien honestamente hace uso de su derecho. Natural derecho es de todos los que nacen ayudar a conservar y defender su propia vida, y concededme esto, puesto que alguna vez ya ha sucedido que, por conservarla, se hayan matado o encarcelado hombres sin ninguna culpa. Y si las leyes, a cuya solicitud está el buen vivir de todos los mortales, ¡cuán mayormente es honesto que, sin ofender a nadie, nosotras y cualquiera otro, tomemos los remedios que podamos para la conservación de nuestra vida!

Dicho esto y marcándose ese día la Jornada de los Derechos Humanos, decidieron hacer una marcha ordenada y pacífica enarbolando flores para recordar a sus familiares injustamente en el presidio.
Con sus ajuares recién almidonados y su sutil esencia de violetas salieron las Damas a su pesquisa: ofrecer su testimonio de esposas, madres, hijas, hermanas de presos. Armadas con lirios gladiolos y rosas, extrañas alimañas las acechaban prestas al ataque.
 Entre los cocodrilos, un mulato grueso vociferaba:
-¡Que se vaya la gusanera! Salió de los sapos cierto “pinguero” con camisa roja para propinar empujones a las Damas de Blanco. Tenía que regresar a la beca el domingo.
 El olor a sudor, barro, mugre, los gritos de las fieras y el proletariado amaestrado no pudieron amedrentar a las Damas de Blanco aún si el espectáculo asustara a la propia fauna. Se cuenta que en el barullo varios ideólogos fueron atacados por cocodrilos y culebras. Un vocero de la embajada inglesa fue víctima de la plebe anárquica y se recupera de mordidas, golpes y un “nervous condition.”
 Al día siguiente levantándose y recobrándose de sus heridas se fueron las Damas a un prado en que la hierba es verde y alta y el sol no molesta. Allí, donde se sentía un suave vientecillo, todas se sentaron en corro para hacer reflexión:
-Como veis, el sol está alto y el calor es grande, y nada se oye sino las cigarras. Aquí es bueno y fresco estar. Pero si en esto se siguiera mi parecer, no en otros menesteres que novelando (con lo que, hablando uno, toda la compañía que le escucha toma deleite). Cuando terminaseis cada uno de contar una historia sobre el día de ayer o los actos de repudio a los que sometidas estamos nosotras y Yoani, el sol habría declinado y disminuido el calor, y podríamos sacar provecho de ello”.- Las mujeres por igual alabaron el novelar.


Llegará la morralla enardecida a Miami, tarde o temprano. Los jefecillos de turno pasarán por María Elvira Dead u otras emisiones televisivas. Afirmarán: “siempre estuve en contra de aquello”. Al año, con residencia en mano, regresarán a transitar aquellas calles escondiendo su fetidez con productos higiénicos norteamericanos y escandalosas colonias sintéticas. El episodio de las Damas de Blanco será sólo un vídeo de archivo o una herida en un cuerpo de mujer.

10 comentarios:

Clara dijo...

El episodio de las damas de blanco,oliendo a violetas y almidonadas,no pasará al olvido.
Heridas de lucha de mujer.

Un abrazo

Cristina dijo...

Este texto complementa el anterior de J.R. Ellos han dicho cada uno a su modo lo que muchos sentimos y pensamos en torno a esta realidad de la incomprensión, la violencia, en las dos, tres, infinitas orillas de la Cuba actual. Y de lo que se puede esperar de los que buscan revertir ese pasaje oscuro en una realidad distinta a la que alzar los ojos sin tener que sentir la desazón que dan las pesadillas.

Anónimo dijo...

Beautiful

El negro dijo...

Que suerte tan negra.

Willi Trapiche dijo...

http://cubaleah.blogspot.com/2009/12/timbre-de-alarma.html

A.T. dijo...

Felicidades la narración sancheziana-bocacciana.

Los relatos de Maurice Sparks dijo...

Los invito a leer mi ultimo relato. Gracias, AT.

http://losrelatosdemauricesparks.blogspot.com/2009/12/jennifer-la-secretaria.html

Los relatos de Maurice Sparks dijo...

Gracias, señor Triff.

Mercedes dijo...

gracias Justo, por la sensibilidad de tus palabras.

te admiro.
Mercedes

Anónimo dijo...

Justo es un estilista. Mi comentario es este: podria aNadir una nota:
(A Nombre del Editor: Giovanni Boccaccio, autor del Decameron escribio su obra maestra a raiz de la peste bubonica que azoto a Italia y el resto de Europa durante el siglo XIV.) De esa forma el lector puede darse cuenta como Sanchez conecta la peste bubonica en Florencia con las pestes en La Habana de hoy. Felicitaciones a los editores y webmaster de TUMIAMIBLOG por seleccionar una pintura que le viene muy bien a la nota y que si recuerdo bien esta en el Prado.