viernes, 6 de noviembre de 2009


En el blog de Iván de la Nuez:

A diferencia de Stockhausen –que llega a calificar esos atentados como la obra de arte perfecta-, Thomas Ruff no alude aquí ni a la perfección ni al arte. Apunta, directo, al conocimiento. A nuestra posibilidad de saber –o no llegar a saber jamás- qué ocurrió realmente. Porque, si bien algo conocemos sobre los ejecutores del atentado –Al Qaeda lo reivindicó-, sabemos muy poco sobre los contornos de esta masacre.

Sus secretos, como en los cuentos de Poe, se esconden en el hecho paradójico de que el crimen ocurrió a la vista de todos. En un acto mediático de magnitud apoteósica; perpetrado para ser visto simultáneamente en todos los continentes, aunque a través de los filtros por los que hoy percibimos la realidad: la pantalla de televisión, una foto en un diario, el vídeo de un aficionado. La pieza de Ruff cuelga una pregunta sobre esas demoliciones que no acabamos de comprender, pero ante las cuales necesitamos, a toda costa, creer.