jueves, 3 de septiembre de 2009

Meterse forro


Formidable artículo del Nóbel y colaborador del NYTimes Paul Krugman*:


Es casi imposible imaginar que hace apenas unos meses atrás los economistas se daban cuerda unos a otros de lo esperanzador del panorama económico mundial. En teoría, la profesión determinaba que se habían resuelto los conflictos internos de nuestra disciplina. En un documento importante de 2008, "El estado de la macro" (es decir, la macroeconomía, el estudio de los grandes problemas como las recesiones), el prestigioso Olivier Blanchard, de MIT, ahora el economista principal del Fondo Monetario Internacional, escribía que "el estado futuro de la macro es realmente esperanzador." Para él, las batallas ideológicas de antaño eran cosa del pasado. Robert Lucas, profesor de la Universidad de Chicago, en su discurso para la Asociación de Economistas de América declaraba: "el problema central de la depresión y su prevención ha sido resuelto". En 2004, Ben Bernanke, ex profesor de Princeton y que ahora funge como presidente de la Junta de la Reserva Federal, celebraba "la moderación de los resultados económicos de los últimos dos decenios". ¿Y qué pasó? Pues que el año pasado se jodieron los pronósticos. 
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*Deseamos analizar el artículo este fin de semana. Para Krugman se trata básicamente de volver a Keynes con la mente fresca. Por largo tiempo ha habido una bronca entre neo-keynesianos y neo-clasicistas, los primeros llamados economistas "de agua salada" y los segundos "de agua dulce". El modelo económico de agua dulce, que surge durante el apogeo de relativa estabilidad imperante desde los años 80, concibe al homo economicus como un ente racional que vive en medio de un mercado básicamente eficiente. La conclusión disparatada sería que el desempleo es voluntario y que las recesiones son necesarias y deseables.