martes, 29 de septiembre de 2009

Justo Rodríguez Santos (dos poemas de su libro "Luz Cautiva")

Palmera

Bajo la luz redonda, cuerda pura,
a pulso, vertical, de sol y viento.
Verde fulgor destrenza el movimiento:
crín o penacho libre hacia la altura.

Grito de tierra, vegetal procura
claros silencios de mi pensamiento:
ya en la terraza abierta del momento
delirio de laúd y arquitectura.

De flor y escama lírica sombrilla,
se abre girando a luz que la acuchilla,
vitral del alba, surtidor de pena.

Tenso tallo, columna esclavizada,
dando, sobre la tierra a frente plena,
brújula al viento, norte a la mirada.

No fue su voz

No fué su voz, ni el rumor de la brisa,
ni el pasar de la tarde,
lo que en el canto quiso hacerse eterno.

Yo no quería que su voz supiera
nada de mi instante,
ni el rumor de la brisa,
ni la tarde tampoco.

Yo ignoraba ya tanto mi presencia,
que no pudo ser
ni su voz, ni la brisa,
ni el pasar de la tarde.