martes, 8 de septiembre de 2009

Dime que no te acuerdas (continuación)

Carlos Fuentes

Mi orine largo y sostenido, con ese olor fuerte y rancio juntándose con el tuyo dulzon y cristalino liberado a intervalos como tu propia risa. Subimos abrazados y zigzagueantes la escalera y diciéndonos sandeces al oído, tu me dijiste que deseabas que te pegara fuerte en la cara con mi bate refiriéndote sin dudas a mi miembro erecto y que luego te lo metiera todo de un tiron por tu culo,- hasta home,decías- que no veías la hora y yo te dije que eras una puta sucia pero que tenias el bollo más hermoso que ojos humanos hubiesen visto y te prometí que te ensartaría tres mil veces hasta que me pidieses parar llorando de dolor o de placer.

Los perros ni se movieron del sofá cuando nos vieron entrar-¿ recuerdas?- Fue una noche larga, podría decir que nos fuimos a extra inning, nos detuvimos solo un par de veces; cuando tu fuiste por agua y otra vez para abrirle la puerta del patiecito a los perros que al final terminamos yendo juntos – pues ni tu ni yo queríamos levantarnos de la cama- desnudos y excitados- ¿dime que no te acuerdas?-me preguntaste cuando se me iba a bajar y la agarraste con las dos manos como si realmente fuese un bate, no se me olvidará nunca. En la mañana amanecimos extenuados y yo preparé un desayuno a la carrera pues tenía que entrenar al mediodía y ya eran cerca de las once y estaba lloviendo un poco todavía, los perros habían entrado con las patas enfangadas y habían ensuciado el forro del sofá que no llevaba ni un mes de tapizado.

Tuvimos que dormir en la cola - ¿recuerdas?- para alcanzar turnos en la tapicería. Tu continuaste acostada un poco más después del desayuno y yo me fui derecho hasta el stadium en la bicicleta tuya pues la mía estaba rota o ponchada,- ahora me entran dudas- El brazo estaba fuerte y la recta controlada, bajita, siempre en la zona, la curva era un demonio, rompiendo a ultima hora, partiendo el plato o salpicando las esquinas. Una belleza. Gané de pegueta los cuatro juegos de fin de temporada, no di bases por bolas- ¿recuerdas aquella serie en el Latino?-tu estabas en las gradas sobre el banco de tercera, yo podía verte y a tus ojos saltones desde mi montañita de tierra y cal apezrubiada y escucharte gritar mi nombre y gritar que me querías como una perra en celo. Por la tarde llegaron estas gentes con ron a celebrar y tu hiciste calamares y arroz blanco y sacamos el dominó que le falta el cuatro tres porque el nuevo se lo había llevado tu padre para la casa en la playa y pusimos el Ciclón un ratico pues la lluvia no refrescó como esperábamos y lo que vino fue a traer más calor y yo hice pareja con Justo mientras tu cocinabas y dimos tres pollonas y un culillo y perdimos uno con Miguel y con Ebert pero reñidito y en parte nos alegramos porque ya nos dolían las nalgas de tanta silla.

Compramos cerveza en lo de Chelo, de latica- ¿recuerdas?- nos las dejó a diez pesos por que le había ganado a Santiago según ella y recordarás el odio que le tenía esa mujer a los santiagueros por el lío aquel con el policía que había metido en la cárcel a su hijastro o a su entenado. ¿Te acuerdas tú que cosa era aquel jabaito de Chelo que yo no me acuerdo bien? Cuando se fue todo el mundo yo guardé el dominó y tu te metiste en el baño y me llamaste para que viera como se estaba rajando la locita de la ducha ya encuerita en pelota y terminamos nuevamente entrelazados y me entraron ganas de tomar guarapo de pronto y te lo dije en el medio de la cosa de bobo y tu que tienes tanta chispa me dijiste entonces que si quería guarapo que metiera la caña en la guarapera y subiste un pie en el murito y me ofreciste ,-abriendo con tus dedos de par en par tus vaginales labios-, la maquinaria lubricada de tu sexo- júrame por tu madre que no te acuerdas. Júramelo por los niños que se mueran. No te acuerdas que nos dio un ataque de risa y que después tuvimos que quitarnos el jabón con el jarrito porque nos quedamos sin agua y que el agua estaba fría como loco y gritaste: pinga o cojones, ahora me entran dudas, o repinga tal vez. Dime que no te acuerdas como se pusieron tus pezones de tiesos y duros y de que me los metí en la boca los dos a la vez mientras juntaba tus senos con mis manos. Haz memoria. Si no recuerdas tú, nada tendría sentido.

Se que el tiempo contamina los recuerdos, que todo lo trastoca, las fechas, los nombres, los rostros de la gente, que han pasado muchos años, pero haz un esfuercito; fue el mismo día en que vieron a la virgen de Regla flotando sobre el puerto, caminando campante sobre la nata de petróleo y barajamos la posibilidad de hacernos santo y de ir juntos descalzos al Rincón desde la casa y hablamos de cosas esotéricas y tu pusiste incienso y prendiste una velita y te abrazaste a mi y miramos por la ventana y pasaron unos perros sarnosos por la acera.