lunes, 23 de marzo de 2009

¿“Dialoguero”? No. ¿“Antidialoguero”? Tampoco. Me considero un discutidor*

Delanuezísticamente hablando:

En todos se da, más que la llegada a un acuerdo, el aprendizaje de soportar el desacuerdo del otro. Pienso en estas cosas y se me aparece, como un mal fantasma, el país del que provengo: Cuba. Entre mis paisanos, existe una frecuente y casi insoluble división con respecto al arte de discutir. Una división originada por la violencia de Estado que es, en buena medida, cartográfica: a menudo el desencuentro marca una línea entre los que viven en Cuba y los que están en el Exilio.
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*Esa falta de habilidad y capacidad para dis-cutir es otra característica de lo que hemos llamado castrismo nuestro de cada día (asterisko tumiamense).