martes, 17 de febrero de 2009

... soy honrado...



Me llamo Robert Allan Stanford. Soy director del Stanford Financial Group. Soy apuesto, cuido de mi bigote, la gente me escucha y respeta. Me visto bien: zapatos Testoni de cocodrilo, trajes de lana inglesa hechos a la medida por William Fioravanti de New York. Soy una persona activa: Me gusta el tenis, el cricket y el polo. En mis ratos libres he sido anfitrión de los grandes de la cancha (qué criaturas para la precisión espacial, ¿no?). Disfruto mi lado filantropístico: Me gusta ayudar a los niños huérfanos (el dinero hay que compartirlo para que rinda). Me he mudado a la isla de Antigua. Allí vivo moderadamente. Los isleños me respetan al punto de condecorarme con la orden de Commonwealth. Mi fuerte son los seguros, negocio que heredé de mi abuelo. Pero el pobre viejo no era visionario como yo. Le faltaba audacia. Algo siniestro ha sucedido. En los EE.UU. me acusan de querer esquilmar al público por $8,000 millones. ¿Cómo se atreven? El mundo de los negocios es demasiado rápido y complejo. Quien no se arriesga no gana: se petrifica. Cierto, prometí a mis clientes una ganancia más rápida. ¿Qué hay de malo en ello? A veces dos puntos más en sus certificados de depósito. Acaso exageré un poco. Acaso desplacé ciertas sumas de dinero de un lugar para otro. Todo por el bien de mis inversionistas. Lo juro, soy un hombre honrado.