
Por tumiamiblog
Una vuelta de la rueda y el tiempo regresa, triste, aquejado. ¿Los implicados? Paul Eluard y Zavis Kalandra. El primero, un poeta francés de mucho prestigio, el segundo es también poeta -e historiador- checo (ambos miembros del grupo surrealista de los años 30). Vale añadir que Kalandra fue sobreviviente de la pesadilla del campo de concentración de Mauthausen del 39 al 45. En 1949, Kalandra es acusado de ser miembro de un "complot imperialista" en una Checoslovakia de la posguerra, acosada por el espectro de las purgas estalinistas, bajo el régimen del payaso Klement Gottwald. En ese ambiente de terror caen las cabezas comunistas como Milada Horáková, Vladimir Clementis (ex ministro del exterior checo) y el judío Rudolf Slánský (ex-premier del partido comunista). Kalandra, otro de los implicados, es condenado a morir en la horca. Entonces André Breton le pide a Eluard que como miembro del partido comunista francés interceda por su amigo. ¿Cómo puede el escritor de una elegía como Liberté darle la espalda a Kalandra en esa hora suprema? Un testigo del momento, el poeta judío Paul Celan (ahora profesor de la Ecole Normale Superieure) sólo atina a decir: “Desde hoy no podría ser surrealista”. De acuerdo con el escritor checo Milan Kundera, Eluard no sólo no intercedió por Kalandra, sino que estuvo de acuerdo con la ejecución. Triste historia, aparentemente inexplicable, sin redención… en la rueda del tiempo.





























