miércoles, 30 de noviembre de 2005

William Kentridge en Miami


Por Amílcar Barca

A veces la invitación de una galería no siempre corresponde a una celebración de vestidos de noche o daiquiris A menudo sin duda lo es. Hoy no hay lienzos en este opening, sino proyecciones cinematográficas y dibujos. Tampoco doritos o pretzels sino tuna tataki o dátiles en hojaldre, bajo la música de Nueva Orleáns. Hoy no somos veinte, sino cerca del millar. Y me atrevería a decir que, sólo dos colores, perviven en esta exposición: el hueso derivado del fondo del papel (ocasionalmente, la turquesa para mencionar el agua en algún tema) y el carboncillo del lápiz. Me niego a referir obras. Pero si voy a citar la poética que crea alguien que ha mirado los referentes de la Quinta del Sordo de Goya y los ha contextualizado a finales del milenio bajo el humo de la guerra . Ha disfrutado con la tradición del teatro de sombras oriental. Ha hurgado en la historia primitiva del cine (Mélies). Se ha dedicado a analizar la soledad de la habitación donde Van Gogh se recluía. O simplemente ha martirizado a la tijera, el sacacorchos, o la cafetera para amasar entre sus hierros a una procesión de personajes que creando un movimiento de avance muy singular y lírico, se inclinan graciosamente por un camino. Cuando la marabunta de Basel concluya, les sugiero que se inicien con Kentridge, bajo el silencio de un domingo de enero, por ejemplo, y dispongan del tiempo suficiente para sentarse en la alfombra de las salas de vídeo y disfrutar de la belleza o la denuncia que la destrucción y el cambio ofrecen en su discurso. Me atrevería a decir que no sólo es apto para todos los públicos que aman el arte, sino obligatorio para cualquier individuo que se precie en valorar la dignidad humana.
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Miami Art Central (MAC)
5960 SW 57th Avenue, (305) 455-3333

martes, 29 de noviembre de 2005

La biblioteca ilusoria


Por Manuel Sosa

Con el pretexto de las reformulaciones dejé mi biblioteca en Cuba. Una biblioteca que fue haciéndose sin criterio selectivo, pero que a los pocos años ya rechazaba ciertos manuales y el ocasional vademécum que nos ilustraba sobre tantos rudimentos. Mi colección fue apoderándose de nuevas habitaciones. Libros comprados en aquellos pueblos minúsculos, donde nadie sabía de qué tesoros se desprendían por un par de billetes. Libros robados a inocentes escuelas y casas de cultura. Libros prestados que no devolvimos. Recuerdo a mi madre repasando los lomos cobrizos, con el plumero en alto y encogiéndose de hombros. Mi peculiar forma de ordenarlos me consumía noches y noches. Se dice que Lezama Lima les rogaba a sus amigos que no le colocasen junto a ciertos autores. El temor a las infaustas confluencias o el mero símbolo que podía representar un Dador junto a un Sóngoro cosongo. Dejaba que Lorca y Marinello se husmeasen por semanas enteras, o que Manuel Cofiño se recostase al tronco de Tolstoi, a ver si los resultados aparecían por alguna parte. También pude expulsar libros que el azar me dio a custodiar hasta que mi conciencia soportase. Me deshice de Lenin y Shólojov, para vengarme de alguien o algo. Llegó el momento en que tuve que regalar algunos volúmenes que sobraban. Sospechosamente, alguien me robó de una vez Rebelión en la granja, 1984 y Fuera del juego. Mi primera mujer, que era pentecostal, quemó El Anticristo y nunca encontré pruebas para acusarla. Cuando tuve que renunciar a todo, preferí regalar cada ejemplar, salvo aquellos firmados por los autores, antes que el azar dispusiese de ellos. Creo que podemos reconciliarnos con un paisaje, con un lapso, con un modo. Sin embargo, nadie recupera esa densidad y resistencia que es alimentar una biblioteca. No podría gastar de nuevo esa energía. Yo prefiero vivir con sus fragmentos, con los restos del naufragio, con su cuerpo roto, disperso en cada orilla posible.

lunes, 28 de noviembre de 2005

¿Es usted poeta?

Por Fernando Savater

¿Poesía: quién no ha cometido un verso en su vida? Me gusta cuando una página sale bien, pero no me gusta la poesía que se escribe con conciencia, con la idea de "voy a hacer la gran página perfecta". Lo único que sueño es con escribir con perfecta naturalidad, y no con la idea de que ahora voy a decir una frase memorable, una expresión muy poética. Escribí algún verso con veinte años y luego se me pasó... bueno, se nos pasa a los que no servimos, afortunadamente a Borges no se le pasó nunca...

sábado, 26 de noviembre de 2005


¿Posmodernidad?




Por Rosie Inguanzo

1. En una época fundamentalmente politizada algunos posmodernos adoptan ideologías antiimperialistas y anticanónicas. 2. Popup de peligrosos discursos utópicos como el de Chávez. 3. Persisten los humanistas liberales (como Blair). 4. Otros que nunca han sido modernos, (contra menos posmodernos) se forran de dinamita y se estallan, aunque no estén en talla. 5. Ecos de Foucault y Said: elimperioseextiende porqueinducealplacer generadiscursos estaentodaspartes escoextensivoconelcuerpo socialesmicroscopico ypenetralasvidascotidianas. 6. Globalización polemizada: Hay quienes dicen que es un tipo de neocolonialismo (made in China). ¿Acaso sentimos que el poder es inmanente, que la dominación está en todo y en todas partes? 7. Posmodernidad = Arroz con mango, collage, pastiche, Carnaval de la calle 8, parodia, boda ChunaBill, ironía (La Cosa Nostra), reivindicación de la incertidumbre (“Fidel se cae”), escepticismo (¡No hay corrupción, caballero!), relativismo, deconstrucción de la historia, autoreflexividad (“Somos la última Cola Cola en el desierto”). A toda esta náusea agréguesele voluntad emancipadora mambisa, necesidad de escaparnos del mega store, de desertar del canon. 8. La posmodernidad es también un niño travieso que rompe todos sus juguetes. Nuestro pulso posmoderno miamense reposa en los intersticios de la metavida, en la divergencia sin radicalismos ni anarquías; dentro del mall, discrepamos de la hyperreality y aún pinchamos por nuestra metrópolis colonizada, perfeccionando el futuro.

viernes, 25 de noviembre de 2005

Est-ce que vous aimez ce que vous voyez?

Tres sentencias

Por Mahatma Gandhi

1. El amor hace vivir al mundo. La vida sin amor nos lleva a la muerte. El amor y la verdad son dos caras de una misma moneda.
2. Si te aferras a la espada es porque tienes miedo.
3. Ningún hombre pierde su libertad sino por su propia debilidad.

jueves, 24 de noviembre de 2005

Dando gracias por...


1. Sobrevivir a Rita y Katrina, pero que el próximo venga menos aciclonado.
2. Las féminas del mundo, luego aprendamos a tratarlas.
3. El retorno gradual de las tropas estadounidenses para el 2006.
4. Un arreglo gradual de la crisis iraquí.
5. Una política de entendimiento entre israelitas y palestinos.
6. La promesa de una “nueva” Nueva Orleans para todos por igual.
7. Los filetillos salteados de Villa Habana, y que no cunda el pánico con el moquillo del pollo.
8. La mente; más seamos selectivos con lo que metemos en la testa.
9. El romance octogenario de Genoveva y Albertico, porque el amor salva de la depresión y la muerte.
10. Una ciudad con desarrollo urbano sostenible.
11. La oportunidad de tener una familia con la cual pasar la noche.
12. Miami, nuestra segunda patria.
13. Todos los blogueros de tumiamiblog.

miércoles, 23 de noviembre de 2005

Triana, el relojero del Seybold


Por Alfredo Triff

En el 9no piso del Seybold Building, en un pequeño establecimiento con puerta de cristal, está la dependencia del relojero Luis Triana. Simplemente Triana, como le llaman sus amigos. Saludo al relojero parapetado detrás de una caja fuerte Diebold (veterana), pulidoras empolvadas, y una larga vitrina con toda clase de artefactos que contienen relojes, cadenillas, pulseras, cascos viejos, utensilios y cachivaches. Triana responde con un adusto “qué tal”, mientras silba una tonadilla; sentado en su taburete, portando gafas salidas de un libro de Julio Verne, específicamente diseñadas para inspeccionar piezas minúsculas. A mi derecha, en la pared pintada de verde, aprecio una serie de cuadritos enmarcados que contienen dicharachos, adagios, refranes. El arreglo divulga artilugio, tiempo: “Los hombres pertenecen al reino animal, pero algunos más que otros”. “El que nunca cayó, qué sabe de la altura”. “No busques el hombre perfecto, sino uno cuyos defectos te gusten”. En la pared opuesta leo una secuencia vertical: “Tu, Relojero, Increíble, Artístico, Noble, Amable”. El acróstico del nombre de Triana indicaría el humor del relojero, quién no es amable, sino áspero. En mi presencia le espeta a un viejo solícito que ofrece café: “Gracias, y que te aplaste un tranvía en Flagler”. Inmediatamente lo flecha con los ojos. El viejo lo mira sospechoso y Triana dibuja una risita. “¡Carajo como tiene tornillos esta mierda!”, me dispara, mientras le da el último toque a mi reloj. “Es un Phillipe Starck”, contesto. “Mierda igual”, me canta. “¿Cuánto es?”, digo tratando de cortar la confiancita. “Diez”, me responde. Entonces reparo que no tengo suficiente cash en la billetera. “Vengo después a buscarlos”... “no importa, págame mañana”. Lo miro incrédulamente. Triana me tira una sonrisilla y percibo cordialidad con mucha calle. “Parece que tiene usted buen crédito en la casa”, dice un árabe que esperaba pacientemente su turno. Luego, mientras me dirijo al ascensor, descubro al fin de la rara magia del relojero.

martes, 22 de noviembre de 2005

Rafael intramundos


Por Jesús Rosado

Silencios. Silencios y visitaciones. Si acaso un remoto y desacostumbrado zumbido proveniente de los mundos paralelos. Así han transcurrido, en Miami, sus madrugadas de oficio insomne durante más de cuatro décadas, con sus manos moviéndose incansablemente, encendiendo o apagando las sorprendidas superficies del lienzo, haciendo que los colores, en delicadas densidades, se acaricien, se confundan en una figuración inédita, inclasificable y cautivante. Es el pintor en su peregrinación intramundos, viajando hacia lo que está y lo que no está, regresando con las resonancias visuales de sus encuentros con el Gran Misterio. Atrás, quedaría su isla maltrecha, sometida a una época accidentada, donde irrumpió en el arte bajo el influjo iniciático de Klee, Mondrián y la Escuela Bauhaus, y donde se integró al Grupo de los Diez Concretos, dándose a conocer por su formalismo experimental de precisión arquitectónica. Ya desde entonces, algo inquietante se asomaba ocasionalmente a sus definiciones espaciales. Impartió clases en San Alejandro, fundó la Academia de Bellas Artes de Matanzas, presidió la Galería de esa ciudad y luego, por negarse a las imposiciones totalitarias, se vió obligado a partir con su familia hacia los Estados Unidos. Con el exilio entonces sobrevino también el insilio. De ahí comienza su propensión a prolongar las noches en un ejercicio de retiro voluntario donde talento y herramientas de creación son canales expuestos a las aleaciones del conocimiento técnico y la experiencia mística. “No importa que tan vasta sea la oscuridad, nosotros debemos aportar nuestra propia luz”, aseveró en algún momento Stanley Kubrick, y coincidente con ese propósito de trascendencia se replanteó el camino estético de Rafael, rebasando concepciones mecanicistas y materialistas de la sociedad moderna, pero atento a las señales recientes del acontecer científico. Entrañas de asombrosas texturas. Cosmografía de insólita luminiscencia. Plasma y universo. El todo y la nada. Una luz que irradia desde el interior de las composiciones y que protagoniza las premeditadas opacidades y las magistrales transparencias. Admiración de los pinceleros de la nueva ola, la poética visual de Rafael Soriano es, en su virtuosa aproximación a lo ignoto, motivo de deleite para los ojos del mundo.

domingo, 20 de noviembre de 2005

Mi ángel de la guarda


Por Raúl Dopico

La lluvia caía sin cesar aquella tarde de mayo de 1959. La tragedia empezaba a permanecer en la memoria y la tierra a convertirse en fértil sembradío de tumbas, cuando la vieja chivata llegó con los soldados rebeldes hasta el cuartucho del solar donde vivía el Negro Congo. Salivaba como perra rabiosa, mientras se enjuagaba la boca con la palabra torturador. Se lo llevaron cinco años junto con su olor a hierbas frescas. De regreso parecía una caña seca y olía a moho, como si el sudor de sus antepasados esclavos se le hubiera pegado al pellejo. No le encontraron ni una gota de sangre seca en las manos, pero le apagaron la luz en las venas y enarbolaron el silencio de la muerte en su pecho. Lo supe al ver su silueta tirada en el suelo en medio del cuartucho, tiesa, disecada. Lo supe al ver los gusanos comiéndole la silueta. No tenían otra cosa que comerse, desde que a él se lo había comido el porvenir que florecía putrefacto en la trémula luz del fuego que incendiaba la isla. En medio del cuartucho mal oliente sonrió al ver cómo el Negro Congo abría sus alas y se posaba sobre mi hombro izquierdo, al mismo tiempo que la vieja chivata lanzaba grandes gritos que, como cadáveres que se matan entre sí, le golpeaban el pecho con salvajes cuchilladas; gritos que la fueron ripiando, hasta convertirla en un escupitajo verde olivo pegado al suelo.

Mi manifiesto anarquista en Miami

Por el fantasma de Mijail Bakunin

"Quien dice anarquía dice negación del gobierno; quien dice negación del gobierno, dice afirmación del pueblo; quien dice afirmación del pueblo, dice libertad individual; quien dice libertad individual, dice soberanía de cada uno; quien dice soberanía de cada uno, dice igualdad; quien dice igualdad, dice solidaridad o fraternidad; quien dice fraternidad, dice orden social.
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Le retour du spectre (9am): ¡Aprendan historia carajo! Evidentemente los blogueros que comentaron anteriormente no pueden ser más estúpidos como para confundir mi post con algo de corte filomarxista. ¿Bakunin marxista? Soy ruso coño, esencialmente bakunista. El marxismo no tiene nada que ver conmigo. Mi rivalidad con el chulo de Engels viene desde el fracaso de la Primera Internacional, cuando los lacayos marxistas chocaron con los proudhonianos (nuestros hermanos anarquistas con mucho peso en Francia) y con mis propios partidarios. El anarquismo no busca ningún poder político --lo cual quedó absolutamente claro en el punto 3ro del preámbulo de los estatutos generales de la Internacional. La idea marxista de la dictadura del proletariado me cae como una patada en los huevos. Marx no fue idealista sino un ladino dictador. Por eso fui excluido del Congreso de La Haya de 1872 --y a mucha honra. Ahí tienen el siglo XX de tragedias que el gordo barbudo les trajo. Sin comunismo marxista-leninista no habría habido nacionalsocialismo ni fascismo, ni fidelismo. Yo, en cambio traje otra cosa al mundo... liberación, arte y jodedera: Ubu Roi, carnaval, Dadaísmo, “happening”, performance, FLUXUS y postmodernismo.

sábado, 19 de noviembre de 2005

1957: Cosas de Mamá Carmita y Marirene

Por La Chuna

Mamá Carmita se iba en el Queen Mary a visitar a Marirene que vivía en Paris. Mamá había obtenido, muy barato el pasaje de regreso, de un amigo de Marirene que había venido de Europa con pasaje de ida y vuelta y que había decidido quedarse en Nueva York. En esa época se podían transferir los pasajes. Bill y yo subimos a bordo con Mamá, anduvimos por el barco y por último nos sentamos en su camarote a conversar. Al rato, sonaron sirenas indicando que los visitantes debíamos desembarcar. Bill, que no sabía cómo Mamá había obtenido el pasaje de ida, le preguntó “¿Carmita, cuándo va usted a regresar?" Mamá le respondió, "No lo sé." Bill continuó, "¿Regresa usted en el Queen Mary? Ella dijo, "No sé cómo regresaré pues no tengo dinero para el regreso." Mamá ya tenia más de 65 años y éramos tan jóvenes que la considerábamos una ancianita. Había invertido todo su dinero en los Estados Unidos comprando dos boletos de ferrocarril que se podían usar durante los meses de junio, julio y agosto en cualquier tren, en cualquiera dirección y horario por toda Europa. Por alguna razón estos pasajes sólo se podían comprar en Estados Unidos por residentes de este país.Así fue que Marirene y Mamá recorrieron toda Europa, yendo de pueblo en pueblo, cogiendo un tren por la noche y durmiendo sentadas. Por la mañana se apeaban, recorrían la ciudad y según quisieran se quedaban hasta por la noche para dormir en otro largo viaje de tren, o se iban aun de día a otro pueblo cercano, también por tren. En el caso de una ciudad que les interesara, iban y venían tres o cuatro veces. Ya agotadas, se iban a Paris, donde Marirene tenia su apartamento. Marirene recibía algún dinero de la Fulbright que les alcanzaba para comer. En una ocasión, se les hizo muy tarde para salir de un pueblo en tren y se quedaron en un Youth Hostel, a $1.50 cada una. Nunca llegué a saber cómo Mamá se las arregló para conseguir el pasaje de regreso a Nueva York, pero regresó vivita y coleando.

viernes, 18 de noviembre de 2005

Oración a la inversa


El Chori

Siendo la ocasión precisa y necesaria, he de permitirme el lujo de apelar a la deidad. A ti, juez supremo, misteriosamente ausente del estrado, padre, legislador simultáneo en la asamblea vacía, espontáneo suceder que envías a la vida como emisario. El que crea, el que transforma, el que conserva, ha sido convocado bajo espesas polvaredas de inopia, apareciendo esta vez como un aliado, más bien un hermano, posiblemente un padre, o algo que jamás se ha tenido. Un aliento impalpable, tan sutil, que es más real que cualquier otra presencia, la manifestación misma. Y es así que se trata de algo que nada tiene que ver con un amigo, ni con un hermano, ni con un padre. ¿Me oyes?

jueves, 17 de noviembre de 2005

LOS CAUTIVOS

Por Alejandro Robles

Doce hombres están encerrados en una habitación hermética de un motel de South Miami. No saben cómo han llegado hasta allí y ya no pueden salir. En el centro de la habitación hallan una urna de cristal y en su interior un objeto puntiagudo, metálico y brillante. El extraño objeto es liviano y alargado y tiene los bordes disparejos y filosos. Toman el objeto y se lo pasan de mano en mano. Alguien sugiere que se trata de un talismán. Desesperados se postran ante él y oran por su salvación. Uno de ellos traza círculos mágicos con la punta de metal sobre el suelo de piedra, pero sus vagos artilugios no dan resultado. Otro, el más débil y escuálido de todos, ofrece su sangre como sacrificio y clava la punta del talismán en su pecho. Nada, sin embargo, los exime del terrible cautiverio. Finalmente todos mueren encerrados en la oscura habitación sentados en torno al talismán que guarda la urna de cristal. Años después –no se sabe cuántos años después- alguien, un soldado tal vez, derriba las gruesas puertas y entra en la habitación. Al ver los doce esqueletos rodeando la urna de cristal el soldado concluye que se trata de una secta de suicidas, porque en el centro de la habitación, en la urna de cristal, estaba la llave de la puerta.

miércoles, 16 de noviembre de 2005

La maldad de los objetos inanimados


Por Luis Soler

El pedazo de galleta con queso crema se le partió en la boca y le cayó encima de la rara y oscura camisa estampada. Me llamó la atención que no le cayera por la parte que tenía la blanca crema láctea, ensuciándole la coba. Eso debilitaba la teoría acerca de la maldad de los objetos inanimados que asegura que los cosas tienen vida propia, que poseen cierto espíritu burlón que nos juega malas pasadas y que, una vez en movimiento, toman acción propia e independiente. Recuerdo una vez que tomaba clases de balompié, coloqué la pelota en el área de corner, metí una patada apuntando al área frente a la portería y la bola hizo una parábola perfecta en picada y entró en el arco. ¡Metí un goooooooooool de campeonato! Me viré entonces para lucirme, pero nadie me estaba mirando. Luego, me pasé el resto de la tarde tratando de hacerlo una vez más, y solo conseguí torcerme el tobillo. Y así pasa con todo. Al botar al descuido el cabo del cigarro, se cuela por el diminuto huequito del tamaño de un medio con una precisión asombrosa. Pero si lo tratas de hacer de cerca, no te sale tan bien. Otra vez (cuando pasaban aquellas aventuras de Hano Momo) lancé un cuchillo (moneando) y se clavó en el flaco tronco de una areca como a media cuadra de distancia. Todo esto sin un alma que diera fe de mi hazaña. Observen que ni una sola vez que se cae (o se vuela) el papelito de la mantequilla te cae encima por la parte limpia. ¿A qué se debe que el vino se derrame encima de uno y no en el área vacía alrededor? Creo que al no poder moverse por ellos mismos, los objetos se vengan, se burlan, y la emprenden contra nosotros. Sin embargo, esta vez, no trajinaron a mi amigo. Tal vez observan límites al punto de no echar a perder una bella y floreada camisa Manhattan de los 70, con extravagantes pinzas y 100% de poliéster. Tal vez los objetos se entienden entre ellos.

martes, 15 de noviembre de 2005

Woodland South Park


Por Amílcar Barca

Con el pomo oscuro de su mano, la muerte llama a una niña, y la niña, cierra los ojos cuando le abre la puerta. El féretro es blanco. El padre la sostiene como una nube caída de un manzano, y la vuelve a colocar en la caja con la misma delicadeza que lo hiciera su ternura. El padre es persa, de Shyraz, y lleva a Zoroastro en un libro en farsi de bolsillo. La madre es de la tierra de Macondo, rubia y germánica como la riqueza imaginaria. Sus lágrimas tienen la misma sal que la estatua de Lot. Detenida para siempre, se cubre con el velo suave de la melancolía... y se ausenta. En la sala contigua, un cortejo de mujeres espera paciente a que sus esposos acaben de orientar el ataúd de Atal Mishra. Infatigables y serenas, no cesan de comentar la bondad del hilo adormecido de sus saris, la pedrería discreta en sus muñecas y las cualidades humanas del cadáver. Junto a un estanque con nenúfares, unos niños hablan con el agua y comentan con sorpresa la desaparición repentina de una sombra. Bajo la umbría de una pérgola, un ministro evoca la nostalgia de una isla frente a un ataúd de cedro, y su viuda, adormecida y resignada, comparte la plegaria con el séquito que impaciente espera, una elegía que provenga de sus hijos. Dios y su representante se disculpan: la ceremonia ha terminado. Las tumbas están limpias. La arboleda es poca y clara. Sólo restan en el suelo, el color fresco de las flores... y los apellidos.

lunes, 14 de noviembre de 2005

La belleza y la mano invisible


Por Ermigio Benveniste

Opino que la belleza no es tan superficial. Un nuevo estudio en la Universidad de St. Andrews, en Escocia, ha demostrado que el atractivo en las hembras puede estar relacionado con la composición hormonal de la sangre. Los investigadores especulan que los hombres se sienten más atraídos a las mujeres con niveles más altos de estrógeno, el cual, siendo una hormona femenina producida por los ovarios, induce fenómenos de proliferación celular y puede prevenir ciertas enfermedades cardiovasculares. El resultado del informe arroja que dichas mujeres tienen rasgos más femeninos, como ojos más grandes, labios más llenos y la piel más lisa. Los investigadores fotografiaron a 59 mujeres entre 18 y 25 y tomaron muestras de orina de cada una para análisis hormonal. Un grupo de hombres tasó al grupo de mujeres de acuerdo a un cuestionario fotográfico que evaluaba estado de salud, feminidad y atractivo. Los resultados mostraron que los hombres (en su mayoría) estaban atraídos a aquellas que tenían altos niveles de estrógeno. Y si esas muchachas en efecto están más listas para caer encinta ¿no será que la naturaleza termina llevándonos de la mano?

domingo, 13 de noviembre de 2005

Les habla el espectro de Sudoplatov

Tumiamiblog

Lo que dice el camarada Trostky es cierto. La directiva se me dio en marzo del 39: "Hay que acabar con Trotsky este año", fue lo que me ordenó nuestro máximo dirigente José Stalin. Me presento, soy Pavel Sudoplatov, jefe de misiones especiales, asesino del jefe nacionalista ucraniano Konovalets, organizador del asesinato de Trotsky y líder del espionaje atómico en Estados Unidos. Les seré franco, en aquel momento no pude evitar el llanto de la emoción, lo veía como una gran responsabilidad. No porque se tratara de liquidar a un hombre, (cosa banal para un revolucionario dedicado como yo lo era), ni porque ese hombre, junto a Lenin, fuese el principal organizador nuestra augusta revolución de Octubre. Comprendan, estábamos en la época de la gran purga; ya Kamenev, Zinoviev y Bujarin habían sido eliminados (y en todo el país se votaba, a mano alzada, dichas resoluciones aprobatorias). No, se trataba de que estaba recibiendo esa orden de parte de nuestro máximo líder. Ahora veo que me lavaron el cerebro. Fui hijo de campesinos muy pobres. Me crié en la revolución, lo único que conocí. Créanme, es una desgracia para el hombre tener que aprender de la vida en el más allá. Otro día les cuento. Ahora debo marcharme.

Vivimos en un planeta saqueado


Por el fantasma de Trotsky

“Vivimos en un planeta saqueado, sus pueblos forzados a vivir en un estado de guerra incesante, padeciendo pobreza y enfermedades”. Eso escribí en el 1901 en mi ensayo “Sobre el optimismo y el pesimismo”, donde reflejé mis esperanzas en un futuro mejor para nuestro planeta. Cuatro años después ayudé a dirigir una insurrección de trabajadores rusos contra el zar. La insurrección de 1905 fue reprimida, pero nos dio excelentes enseñanzas para nuestra exitosa revolución del 17. Desgraciadamente, nuestra revolución se truncó. Después de la subida al poder de Stalin, tuve que huir de mi patria. Nunca me llevé con el georgiano; era lerdo, poco sofisticado. Carne de cañón, de sólo verlo fue suficiente para que reconociera que la revolución terminaría en el fracaso. Mi posición fue siempre más democrática que la de ese burócrata mediocre. Sufrí mucho, mucho, cuando el mundo progresista se plegó a su mandato, mientras yo trotaba el planeta en busca de cobijo. Gracias a Lázaro Cárdenas, en el 37 creí encontrar otro terruño en México. Pero mi estrella se apagaba. Rivera era un excelente pintor, pero nunca fue amigo de nadie. El zorro me tendió una cama el 14 de febrero del 40, a pura bomba y metralla. Me salvé de milagro, pero tres meses después fui asesinado en mi despacho por el títere hipócrita de Ramón Mercader bajo las órdenes de Sudoplatov. Supe que las circunstancias de mi muerte se comentaron en este blog. Por eso decidí visitar esta ciudad balnearia y compartir con ustedes estas breves líneas. Si tienen tiempo no se pierdan mi Diario en el exilio. Y ahora debo marcharme, pues estoy de paso (hay cosas de estas zonas plasmáticas del mundo fantasmal que no deben divulgarse). Gracias por la hospitalidad de este domingo.

sábado, 12 de noviembre de 2005

Was zu, wo zu gehen?

Por tumiamiblog

Hoy sábado: Arte all over Wynwood. Recomendamos las siguientes aperturas: 1- Un show de dos cubanitos –con obras ya en el Whitney de NY—“Había una vez” de Hernan Bas y una muestra de Luis Gispert en Snitzer Gallery, 2247 NW 1 Place. 2- Cierra el show del nuyorican Muñiz, y el cubanito Leyden Rodríguez en Leonard Tachmes Gallery, 3930 NW 2 Avenue. 3- Blake Rayne, en la Kevin Bruk Gallery a dos puertas de Snitzer . 4- Doble apertura de galería y muestra: El conocido pintor Arturo Rodríguez, con “Interior”, en la nueva David Castillo Modern and Contemporary Art en el 2234 NW 2nd Avenue. Mañana domingo: 1- A las 4pm, la exhibición “Rostros de la isla dispersa”, de Pedro Portal --en formato grande en blanco y negro. Para la inauguración de la feria, Pedro plasma un grupo interesantísimo de autores, intelectuales y artistas cubanos de la diáspora (edificio #3 del Wolfson Campus). 2- Carlos Alberto Montaner se presenta a las 7pm, en el #2106 (del Edificio #2). 3- Extraoficialmente es el baby shower de la artista Teresita Ortiz, la esposa del Vizca (además de pintor, comentarista y jodedor de tumiamiblog).

viernes, 11 de noviembre de 2005

Diligencia

Por Alfredo Triff

Una diligencia rápida al piso 13. Pié en el ascensor. ¿Cuánta gente anormal se encuentra uno en un viaje? 1,2,3: olor a café con leche (no he desayunado). 4: Entra una mulata grave, ejecutiva, porta fragancia barata --me mira con oficiosidad burocrática. A su lado, un blondo con crew-cut, envuelto en vaho de Polo (le suena el cell con música de reguetón) 5: Tres féminas soberbias atacan la sede --a mi derecha, de repente crin negra olorosa en mi cara. 6: Una retaca sale y entra una espárraga de luengas pestañas, nariz diminuta y bembo sensual –observo sus pies largos adornados, emperifollados New Age con Jaialia. A mi derecha, una mamá con una criatura alucinante que llora en alta frecuencia. ¿Qué piso? 7⅛, 7⅓... 7. A poco, tufo de efluvio digestivo. “Coño que calor”, dice un octogenario con geta sórdida. Reprimo el aliento (mientras, discurro en la película “Aqualón” de Costeau). 8: se abre la portezuela, entra un mancebo de pelo encrespado y olor a grajo de estío. Mira al viejo, al piso, a mí, al techo. Exhalo el aire que inhalé en el noveno, antes del pedo. Albur mecánico, dilación de travesía sórdida, dirección vertical ¿hacia dónde? 9: “¿Tienes hora?”, me pregunta un espécimen asimétrico. “No tengo reloj”. Cierro los ojos y exploro mi lado zen. La puerta mecánica se abre en el 13, y aprecio un espacio iluminado, blanquísimo, con un suelo que relumbra, sin un alma. ¿Y la gente? Estoy solo. No prorrumpo, no quiero. Pero de nada vale... hay que hacerlo. No hago más que dar el primer paso, y la multitud berrea: “Viva...Viva...” Me uno a ellos y berreamos todos juntos en un gran tutti de ópera bufa. No me daba cuenta que somos un gran pueblo unido detrás del más noble de los ideales.

jueves, 10 de noviembre de 2005

Mientras duermes


Por Manuel Sosa

Mientras duermes, alguien se ocupa de reordenar tus estrellas. Lo que fuese vanidad y clarividencia se torna en espantajo, fibras roídas que cuelgan del alféizar, mostradas al naciente para hacerte creer en la utilidad de las parábolas. El cálido nido se despereza y sobrevuelan las plumas sangrientas. Aún resuena el estertor que en la noche recogía tu molicie, tu propia vestimenta ha deshecho los espasmos, la crispación de tu cuerpo bañado en luz astral. Bastó un único letargo para arrancarte el nombre y los números secretos. Sordo a los maitines, ciego al crisol, en el mugriento lecho te tiendes y aprietas firmes los párpados repitiendo que es sólo un mal sueño, que tiene que ser, como siempre, un mal sueño.

miércoles, 9 de noviembre de 2005

Cosas de mamá Carmita

Por La Chuna

En la Habana, en el tiempo de la depresión, allá por los 1930 y pico, la situación económica estaba muy apretada; en algunos hogares más que en otros. En la casa de mis padres no había dinero sino para lo esencial, se comía carne una vez al día, los cobradores siempre estaban tocando a la puerta. No había dinero para comprar ropa y zapatos, mucho menos para diversiones. Para aliviar la situación, mi hermano Héctor, el segundo, vivía con tío Oscar, hermano soltero de mamá. Yo había vivido con mis tías paternas desde los nueve meses. De mis hermanos quedaban con mis padres Cuco (Rafael), Raúl y mis dos hermanitas Margarita y Marirene. Yo era la mayor de las hembras y la menor de los varones. A pesar de las vicisitudes, mamá se las arreglaba para ir todos los domingos a misa y después al cine. Eso era mportantísimo pues además del noticiero y las dos películas, una de menor calidad y la principal, todas las semanas se ponía, comenzando los domingos un episodio de una serie, cowboys como de Tom Mix, etc. Mamá no podía perderse el episodio. La entrada al cine costaba 10 centavos para adultos y cinco para los niños mayores de 6 años. Pero eran diez o cinco centavos que no había. Todos los domingos, de tres y cinco a tres y veinte, se terminaba la matinée y diez minutos más tarde empezaba la primera tanda. Las luces se encendían en el teatro, se habrían las puertas de entrada para dejar salir a la multitud que había gozado de la matinée. Todos salían, excepto algunos que hubieren llegado tarde y quisieran completar la función. Mamá y las niñas, instruidas por ella, entraban al teatro mientras la muchedumbre salía, pero para no levantar sospechas, las tres perdidas entre la gente, entraban caminando de espaldas.

martes, 8 de noviembre de 2005

Horóscopo y contingencia


Por Alejandro Robles

Salí una mañana con el propósito de hacer algunos trámites legales y de inmigración. En algún lugar de mi extenso recorrido perdí la billetera. Recorrí una vez más todos aquellos sitios a los que había asistido, pero inútilmente. Afligido por la pérdida, fui a visitar a una amiga. Sobre la mesa del comedor había una revista abierta y sobre la revista, una taza de café que ya alguien había vaciado. Retiré la taza para ver que una porción de café había trazado un circulo oscuro sobre la página. El circulo era perfecto, encerraba los vaticinios zodiacales del signo de Sagitario del 11 de octubre. Es decir, los pronósticos de mi signo para ese mismo día: “Tenga cuidado y esté muy atento, hoy puede sufrir una pérdida irrecuperable y recibirá el aviso demasiado tarde.” La página que acababa de leer no sólo describía con exactitud mi circunstancia, sino que era a su vez el aviso tardío de mi fatalidad.¿La pérdida de mi billetera había sido dictada acaso por el poderoso influjo de los astros? ¿Habría de creer yo entonces en que la ínfima crónica de cada día estaba atada a la posición de los astros en el constelado cielo? Arranqué la página y la guardé en el mismo bolsillo donde antes guardaba mi billetera. Para colmo de coincidencias, dos semanas después, asistí a una reunión de amigos donde conocí a la joven editora de aquella revista de cuyo nombre no quiero acordarme. La joven hablaba de los avatares de la edición sin dirigirse a mí, ajena a mis percances, y comentó que en una edición de la revista –precisamente el 11 de octubre- un retrazo de la entrega le había impedido contar con los vaticinios zodiacales, especialmente de Sagitario, viéndose obligada a sustituirlos por las breves de Escorpión de la semana anterior.

lunes, 7 de noviembre de 2005

El olor de la memoria


Por Laura Luna

Decido olvidarme del tiempo de los relojes, tiempo racional, tic-tac, tic-tac... fragmentado y continuo... anunciado, peremne. Me separo de él, conscientemente, lentamente. Entro en el tiempo de mi cuerpo, de los sentidos, tiempo que se mide en sensaciones y mágicamente detiene el fluido existencial, deteniéndose sólo en el deleite del momento. Me viene Proust a la mente y su insistencia en la memoria de los olores. Le regalo a mi nariz una visita a Sephora, para simplemente oler efluvios de los nuevos perfumes, separarlos con los ojos cerrados en mi frente, un grano de café entre mis dedos, y después comprarme un solo chocolate Godiva a la salida del mall. Soy mujer de placeres simples y completos. Olfateo mis recuerdos. El olor a Violetas de mis hijos pequeños, sus diferentes aromas ahora de hombres. El recuerdo oloroso de un secadero de tabaco y el polvo de las hojas pegado en los bordes de mis zapatos. El olor de mi padre, a cigarro y colonia de limón; mi mami, que siempre me olía a sopa. Asocio olores y emociones, olores y sensaciones. Aromas y amores, sentimientos y pérdidas. Como el olor a chocolate me recuerda una antigua obsesión olvidada y la vainilla la consecuencia de una lluvia veraniega. Aspiro el aire como si con ello pudiese reparar mis dolores, mis opciones no huelen. Como si con el recuerdo intermitente y vacuo de un aroma pudiese transportarme a un olvido. Los que me conocen sonríen cuando me ven hinchar las aletas de la nariz para aspirarme el instante, saben que en ese momento estoy marcando mi vida con una muesca inolvidable, impregnándome de ahora. Hoy, cabizbaja y meditabunda, con el ceño lleno de pequeñas y apestosas pesadumbres, abotonándome los ojos para no llorar imposibles, me siento paciente y con pausa de princesa triste a zurcir por primera vez un corazón que ha quedado maltrecho de adioses, con puntadas de ternura e hilos de aromáticas memorias.

domingo, 6 de noviembre de 2005

Me gusta Miami

Por el fantasma de Mao Zedong

Ese hombre joven en la foto soy yo, Mao, el líder de la revolución china del siglo XX. Después de mi muerte caí en desgracia. Hoy me llaman visionario. La China es una potencia, la nación con mayor crecimiento del globo. Nuestras ciudades se expanden, nuestro capital aumenta, el pueblo se instruye. Al principio todo ese cambio me parecía una especie de capitalismo oculto, ya no. El mundo ha cambiado y hay que ser pragmático. Cooperamos con nuestros vecinos y a la vez promovemos una política de estabilidad en Asia. A lo que iba, mi revolución ha sido criticada, pero no se olviden que China hace sesenta años era un reducto feudal. Hoy es un milagro. Sé que muchos le atribuyen ese milagro a Deng, pero todo lo que ese enano aprendió me lo debe a mí. Siempre fui odiado, por los terratenientes, por Chiang (ese borrachín), por los nipones y después por los yanquis. Les soy franco, acaso mi único error fue mi segunda revolución, la mal llamada "revolución cultural". Sólo quise demostrar al mundo que el pueblo chino podía ser el más culto. A veces pienso que hubiera sido mejor haber sido instructor de natación. Ese era mi sueño y mi vida. En mi juventud recomendé a mis compatriotas que nadaran y desarrollaran sus esbeltos cuerpos lampiños. ¿Saben que en los 60 decidí nadar todos los ríos de la China, incluso contra el aviso de mis médicos? Creé un tipo de natación que llamé “abriendo caminos en el agua”: flotar con la corriente, abollado, con el estómago al sol y los brazos extendidos. Ahora, debido a nuestra rápida industrialización los ríos chinos están muy contaminados. Por eso he decidido viajar a Miami --de incógnito-- y hacer lo mismo en las playas de South Beach. Este lugar es agradable, soleado, tranquilo. Vendré más a menudo, si ustedes no se oponen.

sábado, 5 de noviembre de 2005

Receta Gómez-Peña

Por Alfredo Triff

Tómese tequila, agua natural en pomo de Windex reciclado, rodilleras y medias negras con ligas hasta los muslos, corona de plumones rojos, chaqueta embrocada sin camisa debajo, peto de colmillos, botas rancheras negras bien puntiagudas, saya bordada, trenzas largas a-lo-Frida Kahlo, sombrero tejano bruno y gafas para el sol. Móntese el santo de Axayacatl (de chingue a su madre la muerte) y el espíritu del Rayo de Jalisco con su máscara leoparda. Luego, por más de una hora este pinche way de Gómez-Peña nos cocina un guiso padre pos-moderno a bain-marie --con un cuarto de cucharada cyber, una pizca y media de punk chicanista: más híbrido que de pura-cepa, más Dada que Surrealista, más norte/sur que este/oeste, más de William Gibson que de Ray Bradbury, más Masoch que Goethe, más de Guillermo Fadanelli que de Octavio Paz, más Cheech and Chong que Paul Rodríguez, más de un Mencken tardío que de un Tin-Tán temprano. Puro en lo quasi Brechtiano, con cariz de MC de salón de billar de Tijuana, a sabroso ritmo de minué azteca con paso pos-estructuralista, feminista, deconstruccionista y poscolonialista. Gómez-Peña entonces sirve la mesa, con señal digital forward (más allá del mundo fácil y mezquino de ellos/nosotros, malos/buenos, negro/blanco, Fox/Bush, Cheney/Bin Laden y masculino/femenino) y nos lleva a la orilla opuesta de la migra patrol eurocentrista, falocentrista y xenofóbica. Por supuesto, no sin antes rociar a la audiencia con agua bendita del Río Grande escupida por su boca.

viernes, 4 de noviembre de 2005

Guillermo Gómez-Peña en Miami


Por tumiamiblog

No te pierdas la presentación del performer chicano Guillermo Gómez-Peña en FIU, titulada Mexterminador contra el Predador Global (en mexicanglish). En la presentación, Gómez Peña hace de brujo poeta, en una exploración de los efectos nocivos de la globalización, el apartheid digital, la censura y la sexualidad interracial. El trabajo de Gómez-Peña ocurre en un espacio cultural intermedio, zona conceptual/fronteriza entre el norte/sur, entre Latino/Anglo, español/inglés, pasado precolombino/futuro digital. Obra artística que zigzaguea territorios: el performance, la instalación, el video experimental, la radio, la anti-poesía espanglish, la teoría y el arte digital. No te lo pierdas a las 8pm en el Green Library de FIU 11200University Park, GL100 (Busca parqueo en el Blue Garage). GRATIS. Tel. (305)348.2890
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En Cernuda Arte está la exhibición Para quién lloran las campanas, del pintor cubano Ismael Gómez Peralta, quién toma del poeta metafísico John Donne para estimular una exploración estilística de la torre como emblema religioso y político. Hay que verlo y luego opinar. De 7-10pm. Cernuda Arte: 3155 Ponce de Leon Blvd, Coral Gables. Tel. (305)461.1050

jueves, 3 de noviembre de 2005

Revisión de la visión


Por Alfredo Triff

¿Una manzana roja en mi mesa? No es cierto. Lo que veo es un bombardeo cuántico de luz reflejada por la superficie de la manzana en dirección a mis ojos. La manzana, o mejor dicho, su superficie absorbería toda la luz y reflejaría ondas entre 6.800 y 7.000 angstromios, convirtiendo mi percepción en una “experiencia roja”. Lo que veo es luz reflejada desde la manzana, no el color del objeto mismo. Las susodichas ondas son radiaciones electromagnéticas viajando a una velocidad lumínica de 300.000 kilómetros por segundo. La visión está vinculada con los conos retinales (tres para ser exactos) que al ser estimulados por dichas ondas, envían impulsos a nuestro centro visual en la corteza cerebral. Ahí es que las distintas ondas se traducen en experiencias de color. El color es una experiencia cuyo origen no es real. El color está en mi cabeza, procesado por mi industria. Lo único “real” que tiene la manzana es su materia, esencia física, pura e indiferente a nuestra percepción. Tal conjetura no parte de la visión misma --que no hace más que ver-- sino desde la razón. Luego, proclamo una revisión de la percepción más a tono con la física. Escribiré sobre la complejidad de mi cerebro, mis neuronas, mis conos retinales y el reflejo lumínico. Lo demás es pura entelequia: la manzana sobre mi mesa no es roja, el océano no es azul y hasta el arco iris es incoloro.

miércoles, 2 de noviembre de 2005

El placer de jugar


Por Rosie Inguanzo

En el hondo fondo de un closet de caoba, carcomidos por polillas, entre el polvo, casi polvo, y revueltos con folletines pornográficos de chistosa prosa erótica y excitantes mujeres regordetas y buenotas (no pudo encontrar el azar mejor extravío), encontré unos libros que heredaba de mis hermanos mayores. Libros de astronomía, medicina, vida marina… y un librote anaranjado: La civilización y su descontento. Con 14 años me embarqué en una lectura peculiar, adopté vocablos que aún me acompañan en el uso: tropismos, lo inconsciente, etc. Y es que Freud nombró tantas cosas por primera vez. Ungió palabras recién nacidas. Siempre me resulta sospechoso el rechazo recurrente, digamos, de moda, al viejo checo. Mientras más le tiran, más interés me despabilan sus textos, su cosmovisión agónica, cuanto más lo desdicen más fulgor cobra su agudeza. Dice: "Nunca abandonamos un placer que hemos conocido; lo sustituimos". El niño juega a ser adulto y cuando le toca insertarse en el mundo "real" de los mayores, reemplaza el juego por fantasías, suple esa carencia. Por fantasías inconfesables, o por el artilugio de la escritura, la creación de universos de aire (qué son las palabras sino aire armónico, organizado), imágenes de juguete. El placer del juego, apunta Freud, nunca nos abandona. Esa es la respuesta de la especie a la presión social, a la norma. Por eso fantaseamos, soñamos despiertos. Por sí la mente dibuja caprichos inocentes, bestias perseguidoras, insuficientes orgías, caminitos de arena, historias que son retazos de la verdad y del deseo. ¡Oh el deseo!, dice papá Freud, es la fuente de todo quehacer humano. Dice que estamos predeterminados a buscar el placer, rehuir del dolor y encontrarlo. El escritor, ese "ser raro", se embarca en la búsqueda del placer, en la sofisticación de los instintos. Homo ludens que ensaya mundos.

martes, 1 de noviembre de 2005

Derecho a una utopía real


Por Amílcar Barca

Una ciudad es un olor a todos y de todos. Y debe de estar diseñada, para el disfrute de los que la habitan: para quien ha cultivado su propia riqueza, para la arquitectura del impedido, o para el visitante que la adorna con su propio dibujo. Una ciudad es un lazo con el otro: el bus amarillo, el desfile de los niños hacia el aula. Son sus camposantos desolados y mudos en la hierba y su estación de tren, sus fotógrafos, su transporte público, sus bancos de aluminio, su plaza de discurso y discrepancia, la fuente de adorno y la de la memoria. El monumento mortecino o la escultura que al contemplarla nos evoca su metáfora. Es un mediodía movido, con luncheras rojas o azules y perritos calientes, con cafeterías de fritas y caturla. El museo que arriesga y el que conserva la tradición. La ciudad tiene que permitir que en sus edificios aparezca una lectura.... como lo hacen quienes atesoran su pasado ciegamente. La bicicleta, el patín y su impacto en el peldaño, la niñera de Guatemala, la publicidad de neón o el grafiti; una lucha de periódicos que sometan su disputa con las armas del escrito editorial. Si perteneciera al mar debe por lo mismo poseer el mar: la ciudadanía poblaría el paseo del malecón por las tardes. Y el otoño y los astros vendrían en silencio a su hora. El merlot, la cerveza dorada, la vanidad que acaece después de las cinco. Una ciudad necesita la reunión, el jardín en la acera, la fiesta privada, la tertulia en las horas libres. Pero también, una ciudad es una pantalla virtual donde confluir sin estar presentes. Una traición a la tarea del día, una entrada al comentario de lo cotidiano: con la sorna, la sorpresa o la crítica que edifica. Quizás haya otras ciudades dentro de la misma...quizás Tumiami sea la hija adoptiva e inkieta que la nueva metrópolis solicita para crear sus vínculos.