Por Nancy J. García
En ese vaivén del reconocimiento del lenguaje como un complejo proceso, producto de una mezcla biológica y cultural --y de enterarme de que existen en nuestro planeta hasta el día de hoy 6, 800 lenguas mientras que la mitad han de desaparecer para el 2100-- descubrí muchísimos detalles. Entre ellos, leí una noticia sobre la extinción de la única lengua creada y hablada por las mujeres: El nushu, que emergió aproximadamente en el siglo III y fue transmitido por generaciones a lo largo de 4,000 años en la provincia de Hunan, China. Con la muerte de Yang Hianyui, de 98, el nushu pasa a ser otra de las tantas curiosidades del pasado. Resulta que queda muy poca constancia de él porque una extraña tradición China obligaba a enterrar a las mujeres con todas sus pertenencias que incluían manuscritos y otros objetos con inscripciones (se conservan sólo 310 piezas). No hay manera de dar marcha atrás una vez comprendida la importancia de las palabras y sus condicionamientos culturales --pienso. Nombrando las cosas coexistimos unas veces familiarizándonos con unos, y otras, ofuscándonos con los otros. Para regocijo de muchos —me incluyo—, le da la vuelta al mundo la noticia de que los niños crean nuevos signos y lenguajes y según el mismo estudio, parece que los adultos perdemos la habilidad para separar la información en elementos. Los niños demuestran lo contrario. Vaya proceso de aprendizaje donde se pierden, en vez de ganarse, habilidades. Buscando y descubriendo, parece que lo que va y viene son los códigos de comunicación y la manera en que algunos usan los medios para, por ejemplo, aterrorizar a los otros, como esta revista dirigida a las mujeres musulmanas. Claro que hay excepciones que satisfacen a otros prototipos, menos mal. Y estas son noticias buenas: Previendo el caso de las extinciones, la India ha decidido abrir una cátedra de lengua clásica para su Tamil. Pienso en nuevos nombres para las cosas, como si se tratara de la construcción de mandalas mientras pasan, por aquí y por allá, las olas marinas, los ciclones y los lenguajes que vienen y se van.
3 comments:
Tu post me recuerda la lucha de los hispanistas contra los (que como yo somos) "lengüistas" (observa, no lingüistas). A nosotros nos gusta joder la "lengua" y estirarla. Ellos se la pasan en la defensa del lenguaje español(léase la facultad de FIU)como si el así llamado fuese algo estático. Que la Real Academia acepte “brown”, “dopar” y “esnifiar” es prueba que lo que gana es “la lengua” y no el lenguaje. Y si no ¿de qué vivirían?
Alfredo Triff
Estoy fascinada con lo del lenguaje nushu. De hecho, propongo que elaboremos el nuestro, por ejemplo el cubashu o el miacushu: un idioma que nos permita plantear nuestras preocupaciones, todas, incluyendo las bubblegum. ¿Lo de bubblegum será porque contiene saliva, aché: esencial para que sea efectivo? Me pregunto si habrá llegado el momento en que concertemos cabildos como los de las antiguas sacerdotisas, aquí en Miami - entre Pastorita y Brickell Key, Sweetwater y Pinecrest.
Cuestión de logística: ¿dónde encontraremos el/los templo/s donde celebrar las ceremonias?
Gracias Nancy, ¡adelante con las elucubraciones!
mail-mo
Me fascina lo del nushu y me fascina que todo cambie y se transforme, mail-mo. Ya no hace falta tener lenguajes “secretos” en cuestiones de género, por lo menos eso pienso. Aunque sí falta muchísimo para que la balanza se equilibre..., vuelvo a pensar.
Alfredo, yo no formulo “luchas” de ningún tipo, pero sí aliento el respeto por el espacio del otro, aunque ese otro hable kumbuktú con kumbao. Para eso, el espacio debiera existir y no queda, al parecer, más remedio que crearlo. ¿Crees en realidad que entre lenguista y lingüista hay mucha diferencia? Se hacen las palabras y después no quedará más remedio que consumirlas con papas fritas... vengan de donde vengan. Pienso que FIU hace su trabajo: Revisan el “lenguismo” (la palabrita es genial) y nosotros hacemos el nuestro: Conversar sobre los ciclones con las palabras “antojables”: bubblegum, miacushu (siguen llegando, qué maravilla ¿quién las está guardando?) .
Lo cómico sobre la entrada del agua al coco se resume en el día a día, donde la gente cambia las señales de lugar. Los niños saben mucho de esto. ¿Por qué nosotros no sabemos separar los elementos, para luego "ajuntar" como dice allá arriba? Eso es lo que me ocupa.
Mail-mo, pensando en los templos, imagino a esas sacerdotisas del pasado completamente integradas a la vida de sus comunidades. ¿Qué pasó después y durante más de 3,000 años? ¿Crees que podríamos imaginar templos mientras los ciclones le vuelan el techo de papel a las casitas del pueblo, lo mismo a las que abrigan machos que a las de las hembras? Ay, no sé, me fascina la idea de las ceremonias, no creas, pero pienso que faltan unas cuantas palabras por construir y hacer xxx para restaurar el “aché” del lugar ... ¿no?
Saludos a todos y lo mejor de lo mejor,
NG
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