Monday, September 20, 2004

Festejando sabiduría y serenidad: SS el Dalai Lama

Por Marcia Morgado

Dichosa soy. Por incontables razones: porque estoy viva, porque amo, porque tengo buenos amigos. Por Alejandra y Sofía, mi hija y nieta. Con ellas compartí el sábado una gran fiesta: estar ante SS el Dalai Lama. Presencia conmovedora que invariablemente impulsa mi Buda interior.

Su Santidad ejemplifica la serenidad. Vestido con el acostumbrado hábito vino-azafranado y las chancletas flip-flop de goma; resplandecientes las joyas que siempre le engalanan: la sencillez y la sabiduría; su compromiso con la compasión. Con la paz. Con la vida misma en todas sus expresiones. Bajo el incandescente sol, la multitud congregada en una explanada de Nova Southeastern University le escuchó, aplaudió, rió y lloró durante el primer evento de su gira por el sur de la Florida y América Latina.

Amplia sonrisa iluminándole el rostro, inclinó la cabeza y unió las manos en el centro del pecho: el saludo tradicional entre los asiáticos. El público le ovacionó. Calor, desorden y diferencias desaparecieron. Policía y público integrados con armonía: se instaló la humanidad. Hasta unas bondadosas nubes nos protegieron del inclemente astro que con sus rayos saludaba al Océano de sabiduría. Recordó que todos somos capaces de ser felices, de ser compasivos, de actuar correctamente. O no. Tenemos las posibilidades, nuestra es la responsabilidad de lo que hacemos. No existen culpas ni pecados sino responsabilidad.

Recalcó la importancia del equilibrio y del camino medio. Rió al expresar: “demasiada brillantez puede causar problemas”, aclarando que tampoco es buena la torpeza. La ira y el miedo son sentimientos pasajeros que comparó a las olas del mar en cuya profundidad reina la calma a la que se accede mediante la introspección. Él no siente la felicidad como un gran placer sino como una profunda satisfacción interior.

Hablando del conflicto entre China y Tíbet señaló los cambios en China para recalcar que las libertades individuales y el flujo de información son básicos antes de situar en el gobierno chino la responsabilidad de velar porque no desaparezca la milenaria cultura tibetana cuya dirección debe regresar a los tibetanos.

Enternecedora la manera con que ilustró las diferencias y semejanzas de las criaturas que pueblan el universo. Acerca del amor y la interdependencia comparó a las tortugas que tras desovar marchan, al no existir contacto físico con su prole, ¿se reconocerían? Sin embargo, recalcó la importancia de las madres en el desarrollo físico y emocional de sus hijos. El futuro depende de nuestros hijos: “los problemas hechos por el hombre pueden reducirse si pensamos y actuamos correctamente”. Tenemos pues la responsabilidad de mostrarles el camino de la compasión, de la bondad, de la no-violencia. El camino hacia el lado luminoso que junto al oscuro convive en nosotros.

“El Buda no pueda salvar a nadie”, solo nosotros podemos nutriendo el propio Buda interior. Tal como Alfredo Triff les deseó unos días atrás: “suerte”. Y perseverancia. Aunque difícil, merece la pena. La fiesta del Dalai Lama continúa esta semana en Miami.

3 comments:

Anonymous said...

Gracias por ese comentario Marcia. Me voy al trabajo con esa semblanza. Paz en la tierra.
El impaciente.

Anonymous said...

wooohh! Cuánta paz hallo en estos pensamientos…yo también tendré un mejor día acompañada por el mensaje que trae Marcia.

Cuando ardía su pecho, ella.
Alteró los cerrojos, y recogió al muerto. Ella.
El humo de su cuerpo, suyo.
Incienso y paz, pálpito y oscuridad.
El tallo encendido
lo iluminó: espejeante Buda.

Anonymous said...

Marcia, tu encuentro con el Dalai Lama de cierta manera nos regresa al lugar donde deberíamos estar. Y mirando las mismas cosas.
Hermosa tu crónica. También el baño de humanidad que dejaste aquí y para todos.

Gracias,

Nagahe